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Editorial
Medidas urgentes
El río Pamplonita enfrenta una crítica situación que ha llevado a Corponor a declarar una alerta temprana.
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Sábado, 9 de Enero de 2016

La cambiante realidad que vive el país en materia ambiental debería permitir que las decisiones que se tomen en un momento de abundancia hídrica, por ejemplo, se revisen y si es necesario se cambien en uno de sequía.

El principal afluente de la ciudad, el río Pamplonita, enfrenta una crítica situación que ha llevado a Corponor a declarar una alerta temprana para que sus usuarios reduzcan su impacto sobre el recurso hídrico y para evitar que, al menos en esta época, cuando lo más crítico del fenómeno del niño está por venir, sigan afectando la cantidad de agua que lleva el río.

Con los arroceros, que utilizan el agua del Pamplonita para preparar la tierra y para las cosechas, ya se firmó un compromiso de no volver a sembrar hasta tanto no pase la temporada de sequía. Pero eso no es suficiente. Tras conocerse los escandalosos niveles que lleva el río -210 litros por segundo después de la captación de agua que hace Aguas Kpital- Corponor debe ejercer, de la mano del municipio, su autoridad para tomar decisiones que permitan mejorar las condiciones actuales del río y evitar a toda costa un posible racionamiento de agua.

La primera medida que debe decretarse es la suspensión  de la actividad de arrastre en el río, pues su ejercicio afecta la oferta hídrica. La corporación está en capacidad de tomar esta decisión, pues la ley (decreto 1594 de 1984) define que en momentos como los que afronta el país, la prioridad es el consumo humano.

Como el control de la captación ilegal de agua es estrictamente policivo, esta medida evitará la presencia de cualquier máquina sobre el río, garantizando que no se instalen trinchos ilegales que desvíen el agua.

A pesar de que la pasada administración de Corponor contrató maquinaria especial para liberar los trinchos ilegales que ubican sobre el río, estos vuelven a ser instalados, algunos el mismo día del retiro, en una estrategia desafiante ante las autoridades. Es necesario poner mano dura y declararle la guerra a los desvíos ilegales que se hacen en el río.

Así mismo, es menester revisar cada una de las concesiones que se han otorgado a particulares y definir si al momento de vencerse (el plazo es de 5 años) ameritan ser renovadas. A esto se suma la labor de verificación que debe hacerse sobre las mangueras ilegales que existen desde la quebrada La Honda hasta el Pamplonita.

Las alertas por lo que se viene se han escuchado desde el mismo presidente de la República, hasta los órganos de control y las autoridades ambientales. Pero lo cierto es que hace falta la creación de una policía o comité ambiental que se dedique a supervisar el uso consciente del agua.

En Cúcuta, a pesar de las alarmas, la población sigue usando la potable de forma inconsciente.

El problema no solo se hace evidente en la periferia, donde parece que no llegan programas educativos para evitar el desperdicio del líquido, sino que también se ve en los sectores de mayor estrato.

En jardines y zonas verdes de los condominios existe un problema por el mal uso que se le da al agua potable, que en vez de ser utilizada para el consumo básico, es empleada para otras actividades como el lavado de casas y autos.

En las calles se siguen lavando porches, regando jardines y hasta se juega con el agua, sin que la autoridad imponga orden.  

Lo mismo sucede con algunas tuberías rotas, que botan agua por largos periodos de tiempo sin que sean reparadas para evitar el desperdicio.

Los niveles actuales del río requieren de una intervención inmediata y un riguroso seguimiento a los planes que ya deben estar preparando los alcaldes de municipios, con todo el conocimiento técnico.

Así mismo, es tarea de Corponor desarrollar un plan de inversión para gestionar la compra de terreno en zonas estratégicas de conservación, para poder mantener allí las condiciones idóneas para que los nacientes de los ríos se mantengan con un manejo ambiental adecuado.

Estas zonas tienen y tendrán cada día más importancia y no debe permitirse que terceros las intervengan y las afecten. La demora en estas medidas derivará en lo que a toda costa se ha pretendido evitar: un racionamiento que cada día se ve más cerca.

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