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Editorial
Los motociclistas
Los nuevos gobernantes tienen que barajar sobre la mesa las opciones que la normatividad les ofrece.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 8 de Noviembre de 2023

Vimos en la primera página de La Opinión unas motocicletas con las placas tapadas. ¿Qué supone eso? Puede tratarse de maniobras para esquivar las cámaras de fotomultas o lo que es peor, una probable operación de enmascaramiento para perpetrar alguna clase de delito, que bien puede ser desde fleteo hasta sicariato.

Y las noticias judiciales trajeron un nuevo caso de asesinato desde moto cometido por una mujer pistolera y, al mismo tiempo, un relato sobre la muerte  de otro motociclista en un accidente  de tránsito.

Se nota entonces que hay  una delicada crisis en este segmento del parque automotor que rueda por las calles de Cúcuta y del área metropolitana, que igualmente es afectada por las constantes tomas a cargo de las caravanas de motorizados que raudos,  con poca protección, desbordada adrenalina y llevando a mujeres parrilleras, hacen toda suerte de peligrosas piruetas.

El Observatorio Nacional de Seguridad Vial hizo una relación que cubrió el periodo enero-septiembre de este año, durante el cual en Norte de Santander perdieron la vida 121 motociclistas en siniestros viales, cifra equivalente a un 40,7 por ciento más que el año pasado.

Se calcula que en la capital nortesantandereana circulan cerca de 200.000 motocicletas, llevando también una alta cantidad de comparendos que ascienden a 37.547, según las estadísticas del Consorcio Servicios de Tránsito y Movilidad de Cúcuta.

Con todos estos elementos resultaría importante que las nuevas autoridades municipales que se posesionan en enero del año entrante determinen acciones más contundentes para ponerle ‘freno’ a ese descontrol que existe entre los motociclistas.

 Porque aparte de todo lo anterior, ellos continúan sin respetar los semáforos, ahora cruzan por los andenes como si fueran ‘motorrutas’, invaden las ciclorrutas y violan las demás normas de tránsito, creyéndose los ‘dueños del camino’.

Los nuevos gobernantes tienen que barajar sobre la mesa las opciones que la normatividad les ofrece, que van desde la restricción de los parrilleros, hombres y mujeres, por razones de seguridad ciudadana, y para proteger a los acompañantes para que no perezcan o resulten heridos en razón a los piques, por ejemplo.

Se esperaría que también arroje buenos resultados la aplicación de un llamado protocolo para comprar motos, cuyos lineamientos deben ser implementados por las empresas comercializadoras de estos vehículos.

Que los nuevos compradores tengan en cuenta la importancia de adquirirlos de manera consciente, comprendiendo los riesgos asociados y tomando medidas efectivas para mitigarlos, suena muy bien y se lee con gran entusiasmo en el papel, pero no se puede descuidar a la masa de motorizados actuales, que en una gran proporción desatienden todas las señales y las reglas vigentes.

Por ejemplo, la Policía tiene que ser inflexible e implacable con aquellos motociclistas que llevan las placas tapadas porque en una ciudad como la nuestra, con la inseguridad desenfrenada, es necesario conjurar esa clase de comportamientos.

Deberían pensar las autoridades de tránsito y transporte la aplicación de una especie de examen evaluativo obligatorio para todos los motociclistas actuales, con el fin de determinar la experticia de los conductores, el conocimiento de las señales al igual que de las normas de protección, como el uso de los cascos, especialmente.

¿Y los piques? Eso también es un asunto de cuidado, que ahora pretenden convertirlos en deporte. Los habitantes delos anillos viales puede dar fe del desorden y cómo los ocupan sin permitir que otros vehículos circulen normalmente.

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