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Editorial
Le dicen democracia
Y decisiones realmente democráticas son aquellas que, con el fin de dar a los ciudadanos que no las han tenido, oportunidades que otros sí.
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Jueves, 17 de Septiembre de 2015

Se trata de una de las acciones básicas de toda sociedad que aspire a integrar a todos sus miembros en igualdad de condiciones. A ese ejercicio, poco frecuente, le llaman democracia.

Y decisiones realmente democráticas son aquellas que, con el fin de dar a los ciudadanos que no las han tenido, oportunidades que otros sí.

En ese sentido, acá encaja un acto de gobierno que busca subsanar fallas de la esencia misma de nuestra sociedad, como es  la de facilitarles a miles de jóvenes, de los más pobres, su acceso a la universidad, en condiciones de igualdad con todos los demás, solo que con el apoyo determinante del Estado.

Nos referimos al programa Ser pilo paga 2.0, al que el presidente Juan Manuel Santos se refirió en las últimas horas, y que en su primera etapa abrió las puertas de las universidades a 10 mil jóvenes pobres, realmente pilos, es decir, ejemplos vivos de excelencia académica y de aprovechamiento de los recursos que recibieron.

Esta vez, y en vista del éxito y del impacto que decisiones como esta genera en la sociedad, el gobierno amplió el cupo en 10 por ciento. Así, esta vez mil jóvenes más, que quieran ser maestros, podrán prepararse gratis en la universidad que deseen. La única condición que les fija el Estado es que se gradúen. Nada más.

El hecho de que pertenezcan exclusivamente a los niveles 1 y 2 del Sisben no es más que la garantía de que, sin apoyo del Estado, esos niños, que tal vez no hubieran podido ir de otra manera a una universidad a materializar sus sueños académicos, lo podrán hacer sin problema.

¿Qué manera mejor que esta habrá para hacer retroceder el marginamiento de la mayoría de la sociedad y estimular su inclusión en todos los escenarios? Ninguna otra, en realidad. Darles a todos los jóvenes de un país, de la condición que sean, las mismas herramientas, los mismos recursos, las mismas oportunidades, eso es, sin dudarlo, hacer que la democracia tenga sentido.

Lo demás es palabrería sin sentido.

No pasará mucho tiempo antes de que el país perciba los beneficios generados por este programa de becas-crédito para los mejores muchachos. Así como siempre se argumentó que de la situación del país era culpable el injusto acceso a la educación, así se tendrá que admitir, en el futuro, que esa misma educación, ahora más democrática, será la responsable del despegue definitivo de Colombia.

El propio Santos lo explicó en la convocatoria: hoy con toda seguridad les puedo decir a los colombianos que el futuro de nuestros jóvenes no va a depender de dónde nacen o de los recursos que tienen, su futuro dependerá de su talento y dedicación, como debe ser…

La primera experiencia fue muy positiva. Según la ministra de Educación, Gina Parody, se registraron buenos promedios en general, hubo poca deserción y, algo muy importante, las universidades acogieron a los estudiantes sin problema.

El 17 de octubre se podrá saber quiénes serán los nuevos 11.000 beneficiarios de este programa. La convocatoria pretende que con ella los jóvenes sean parte del 7 por ciento de estudiantes más pilos del país.

¿Cuántas excelente ideas se habrán quedado solo en sueños, solo porque la falta de oportunidades privó a su gestor de asistir a una universidad donde pudiera hacerla realidad? No se sabrá nunca, ni hace falta saberlo.

Lo que vale la pena es estimular a los gobiernos a que hagan de Ser pilo paga un programa de Estado, para garantizar su supervivencia. Quizás al país no le sobren los recursos, pero hay los suficientes para seguir enviando a todo el que se pueda a las aulas superiores. Eso es democracia.

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