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Editorial
La tarea del POT
En Cúcuta, ante la ausencia del liderazgo público, esta tarea la han asumido organizaciones privadas
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Domingo, 20 de Diciembre de 2015

La organización del territorio es, sin duda, uno de los factores que incide directamente en la competitividad de las ciudades. 

Aunque es responsabilidad de los gobernantes, quienes en teoría deben velar por que las urbes que lideran crezcan planeada y organizadamente, en Cúcuta, ante la ausencia del liderazgo público, esta tarea la han asumido organizaciones privadas, analizando la situación actual de la ciudad y planteando para los gobernantes que están próximos a posesionarse, una hoja de ruta para empezar a organizar la ciudad, de acuerdo a las perspectivas en materia industrial, económica, de competitividad y de medio ambiente. 

El capítulo local de la Cá- mara Colombiana de la Construcción, Camacol, adelantó un estudio y estableció que la ciudad requiere un replanteamiento para lograr un crecimiento coherente, alineado con la estrategia de clústeres que se viene trabajando desde la Cámara de Comercio. 

Se trata de pensar la ciudad con espacios de uso del suelo habilitados para determinados servicios, por ejemplo en materia de salud, de servicios y de industrias como el calzado y las confecciones, o la arcilla. 

Para esto, la entidad que agremia a los constructores sugiere un ajuste del Plan de Ordenamiento Territorial, el documento que marca la pauta en materia de desarrollo y crecimiento y que determina qué puede hacerse en cada espacio de la ciudad y su conexión con el área metropolitana. 

Apostarle a un POT de segunda generación, como lo propone Camacol y ceñirse a lo allí establecido sería una primera muestra de buenas intenciones del nuevo alcalde con la ciudad, que pide a gritos un proceso de organización que permita, de aquí en adelante, un crecimiento planeado, sin improvisaciones, que se ajuste a las necesidades de toda una estructura de ciudad y no a los intereses particulares de unos pocos. 

La infraestructura de conectividad, la movilidad, el desarrollo y mantenimiento de espacios verdes, la sostenibilidad ambiental y la adecuada articulación de desarrollos urbanísticos con normas coherentes de espacio público son factores que podrían hacer de Cúcuta una ciudad con mejores indicadores de competitividad urbana, convirtiéndose en una capital más atractiva, no solo para inversionistas sino para sus mismos habitantes. 

Articular esfuerzos para lograrlo es un sueño que la ciudad ha visto pasar, frustrada, durante las últimas administraciones, las cuales no han realizado un trabajo juicioso en este sentido.

Se necesita mucho más que voluntad para emprender dicha tarea, pues los asuntos que hoy afectan el territorio y que se han permitido por años, no son menores. 

Movilidad y espacio público requieren de una atención especial, pero combatir las mafias que se han apoderado de su control requiere de autoridad, mano firme y una visión estratégica que evite que los errores del pasado vuelvan a repetirse. 

Ya es hora de que Cúcuta establezca sus metas en materia de desarrollo territorial; de que evalúe los indicadores claves a los que debe apuntarle para empezar a convertirse en una ciudad más competitiva. 

Aunque las comparaciones son odiosas, muy cerca, una ciudad vecina que acaba de ser seleccionada por el Banco Mundial como una de las más prósperas del mundo, de acuerdo al estudio ‘Ciudades competitivas para empleos y crecimientos’ tiene muchas lecciones para enseñarnos. 

El alcalde entrante ya cuenta con una gran ventaja: ya sabe que hacer, a la luz del documento que desarrollaron los expertos en desarrollo urbano. Solo le queda la voluntad para meter en cintura el desorden de la ciudad e implementarlo. De los beneficios que esto traerá, no queda la menor duda.

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