Al entrar noviembre en su etapa final, ya suenan más cerca las campanas decembrinas para anunciar la temporada en que para preservar la alegría y la felicidad hay que tomar medidas preventivas.
Por ejemplo se encuentra el caso de la pólvora que por las fechas de Navidad y de Fin de Año siempre deja estelas de dolor y complicación.
El dato de lo ocurrido hace doce meses señala que entre diciembre de 2022 y enero de 2023 en Norte de Santander 72 personas resultaron quemadas al manipular elementos a base de pólvora que tradicionalmente son utilizados en las festividades.
Pero aquí otra vez las preguntas surgen y se quedan sin respuestas, porque aunque con bombos y platillos se emiten decretos y se anuncian acciones de control, la Nochebuena y el Año Nuevo son pasados por gran cantidad de juegos pirotécnicos.
Luego llegan las lamentaciones y las consideraciones de las autoridades, que podrían considerarse tardías o a la ciudadanía también le podría caber el título de ‘irresponsable’, porque al hacer el balance se encuentra que son muchos los niños que resultan lesionados con esa clase de artefactos.
Aquí vuelve a resurgir el hecho de la falta de civismo y de cultura ciudadana por un lado, y algo que es algo mucho más grave, el descuido y la poca atención sobre los menores de edad en los hogares.
Debemos entender que diciembre no puede ser un tiempo en que las novenas, las fiestas y las reuniones terminen en lamentables hechos como niños quemados o los mismos adultos afectados por la pólvora que manipulan.
Hay que entender que diciembre y sus tradicionales festividades son para disfrutarlas en familia, entre vecinos y amigos, pero cuidando los excesos y teniendo presente que quemar pólvora también le hace daño al presupuesto familiar, aparte de que es un riesgo que en cualquier momento se nos puede devolver y afectarnos de una u otra manera.
Como dicen por ahí, antes de quemar voladores o totes, mejor regálenle algo a los niños de barrios periféricos y sonrían cuando los vean a ellos estallar de alegría.
Las autoridades nacionales, departamentales y municipales deberían pensar en otra forma para lograr despertar realmente la conciencia de los padres de familia en torno a la adquisición y utilización de pirotecnia en la época de fin de año, especialmente sobre los peligros que implica para todos.
Razón por la cual estas acciones no pueden circunscribirse solamente a unas pocas semanas, sino hacerlas a lo largo del año con diferentes procedimientos en los colegios, con la participación del Bienestar Familiar, la Policía, los Bomberos y otros organismos de socorro.
Esa tarea interinstitucional frente a los peligros de la pólvora entre los niños, adolescentes y jóvenes es indispensable que se active, con el concurso de las secretarías de Educación y de Salud, junto con Bienestar Social.
Hacerlo de esta manera podría llevar a que en el aula se hable de este riesgo evidente para la salud y la tranquilidad de todos, en la búsqueda de cambiar comportamientos y de darle un giro a esta costumbre.
Tal vez hay que evaluar una opción que conlleve al desmonte de la creencia de que Navidad y Año Nuevo están ligados a la pólvora, la cual tiene que ser sacada de dichas fiestas que se supone implican todo lo contrario a las adversidades y tristezas que los artefactos que se usan para divertirse, terminan provocando.