Si muchas situaciones ocurren en un lugar tan bien localizado y que ha tenido una transformación hacia los sectores comercial y de servicios, qué no sucederá en lugares más alejados en Cúcuta, hasta donde la presencia inmediata de la autoridad se hace complicada.
Llamativo resultó el conteo hecho por periodistas de La Opinión que en un recorrido detectaron 180 carros y motocicletas mal estacionados en el tradicional barrio cucuteño y durante ese lapso no encontraron ni una patrulla de la Policía de Tránsito que pusiera orden.
Como si fuera poco, la calle trece entre las avenidas Los Libertadores y Cero está convertida en un área de drogadictos donde habitantes de calle se inyectan o consumen sustancias ilícitas y después duermen en los andenes y separadores y que han convertido los antejardines en baños públicos, esto según lo expuesto por la dirigencia comunal del sector.
Y tampoco ninguna autoridad ha actuado, tanto para la recuperación y resocialización de quienes han caído en el mundo de las drogas, como para el rescate de ese importante tramo vial, por donde cruzan funcionarios de la Alcaldía y la Gobernación, pero lamentablemente nadie hace nada.
Lo delicado, es que esto supone que organizaciones del microtráfico tienen ahí un radio de operaciones, elevando los niveles de riesgo y de inseguridad en este punto de la ciudad, que no está en los extramuros, sino muy cerca de clínicas, exclusivos restaurantes, establecimientos comerciales, hoteles y EPS.
El deterioro también se observa con las basuras y desechos que se encuentran en las esquinas, generando contaminación, insalubridad y afectando el mismo ornato de la zona, dejando entrever que no hay ninguna clase de acciones de control ni de seguridad ni de civismo ni de nada.
Tanto la falta de la aplicación de las normas como la carencia absoluta de cultura ciudadana, tristemente están conduciendo a una especie de ‘marchitamiento’ de Los Caobos, al sumirlo en un submundo donde no hay Dios ni ley.
Con lo anterior, y sin temor a equivocarnos, podemos decir que Los Caobos es el microcosmos perfecto para reseñar una buena parte de los males que se han apoderado de la capital de Norte de Santander.
¡Eso no puede seguir tolerándose! Habrá que esperar quienes serán los secretarios de Tránsito, de Gobierno, de Salud y el director de Bienestar Social, de la nueva administración municipal para conocer qué harán con estas problemáticas cucuteñas, que no son solo de este barrio.
Es que el estacionamiento en cualquier andén o calle de la ciudad no debe permitirse más en ninguna parte. El Código de Tránsito tiene especificadas las sanciones respectivas. Para eso están los parqueaderos.
Ahí no debe de admitirse excusa alguna, puesto que el andén para el peatón y la calzada para que transiten los vehículos, luego esas dos áreas deben estar libres de cualquier obstáculo.
A dichos funcionarios les espera una labor sin descanso para recomponer ese complicado panorama citadino con el que todos los días se enfrentan los cucuteños, que aunque pagan los impuestos, no perciben una ciudad inclusiva sino más bien ajena y distante con sus habitantes.
Todo este cuadro nos comprueba que Cúcuta se encuentra bien lejos de ser en este momento una ciudad amable, puesto que muy poco o nada es lo que se ha hecho para estructurar, masificar y propiciar la aplicación y respeto de los códigos de convivencia y civismo, tan indispensables para ayudar a prevenir el desorden en que vivimos.
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