Esta vez no estuvimos en lo más alto del podio, pero tampoco eso significa ningún alivio, en la práctica, de uno de los problemas estructurales que por años ha arrastrado la capital de Norte de Santander, como es el de la informalidad laboral.
El más reciente informe del DANE, que corresponde al trimestre septiembre-noviembre del año pasado, indicó que en el total nacional esa tasa se situó en el 58,2 por ciento.
Comparativamente, advertimos que mientras el promedio en el país es de aproximadamente seis trabajadores informales por cada diez empleados, en la región ese margen se acerca a los siete, al marcar una tasa de 65,5 por ciento.
Una diversidad de razones aparecen atadas a este problema que finalmente confirman debilidades para la creación de empleos de calidad en el aparato productivo económico local.
Ahí están quienes son contratados por temporadas, pero sin las correspondientes prestaciones sociales de ley, por las consideraciones de altos costos laborales para el sostenimiento de la nómina.
También figuran a aquellos que les pagan por tareas desarrolladas en la semana o en la quincena, pero tampoco se les reconocen todas las prestaciones, igualmente por el mismo argumento de los excesivas cargas que esto significa para quienes los contratan. Además, es esencial que las administraciones hagan más para que el empleo gane la batalla en la ciudad, asunto que necesita más acciones para crear industria, atraer inversión nacional y extranjera y propiciar acciones desde la misma institucionalidad para que proyectos de alto impacto ayuden a mover esos negativos indicadores hacia niveles de mejoramiento.
Y en Cúcuta y el área metropolitana es fácil notar la informalidad en las calles con la cada vez más creciente presencia de vendedores ambulantes de personas que recurren al mecanismo del rebusque para la obtención de los recursos requeridos para atender las necesidades de ellas y de sus familias.
Se trata, en realidad, de un asunto que en lugar de ir en decrecimiento cada vez tiende a desbordarse, teniendo elementos adicionales como los migrantes y las personas llegadas de otras localidades que también tienen en los puestos callejeros la salida momentánea a sus problemas.
La estadística oficial muestra un aspecto que debe servir de análisis, teniendo en cuenta que en los primeros cinco lugares de la mayor informalidad, hay dos ciudades fronterizas con Venezuela: Riohacha con 68,3 por ciento, en el segundo puesto, y Cúcuta en el quinto puesto, con 65,5 por ciento, en el trimestre móvil septiembre-noviembre de 2022.
Se ha hablado con insistencia desde el Ministerio de Comercio que el auge que traiga la reapertura fronteriza debe ayudar a jalonar soluciones a la región.
Otro asunto que en este informe del DANE debe tenerse presente ahora que se viene hablando de la reforma laboral, que necesariamente debe de tratar el aspecto de los costos para crear un puesto de trabajo en Colombia, se relaciona con el empleo informal en las empresas.
El DANE indicó en ese reporte que el 84,5% de los trabajadores de microempresas son informales, en la pequeña es del 25,3%, en la mediana el 9,3% y en la grande, el 5,1%.
Como se advierte, anida aquí una cuestión que merece la más profunda evaluación y urgente adopción de medidas para superar ese viejísimo problema que ha estado gravitando, sin que realmente haya un plan para revertir su crecimiento.
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