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Editorial
La coca de nuevo
El exembajador Brownfield nada dice de que la razón para que en Colombia los cocales crezcan está en las oficinas ejecutivas de Nueva York.
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Martes, 3 de Noviembre de 2015

Es un llamado de atención que ojalá no pase inadvertido, porque podría ser el preludio de dificultades para el gobierno del presidente Santos y, de paso para el proceso de diálogo de La Habana.

Lo hizo el exembajador de Estados Unidos en Colombia William Brownfield, uno de los menos locuaces entre los diplomáticos de su país en el nuestro, pero, al mismo tiempo, experto en dejar caer opiniones importantes mientras se refiere a otros temas. Es posible que sus dificultades fonéticas con el español le ayuden.

Mientras explicaba que Venezuela es la ruta más eficiente para las mafias de narcotraficantes, se le dio por decir, como sin querer, que en su país hay hoy un incremento en el consumo de cocaína, y que en Colombia “otra vez se ve un aumento en el cultivo de coca” y en la producción de clorhidrato de cocaína, algo que “requiere modificaciones”.

Brownfield tiene por qué saberlo y por qué decirlo, pues es el subsecretario de Estado para Asuntos Antinarcóticos, alguien que desde su posición se atreve a pronosticar que el cultivo de coca en Colombia, que se ha incrementado durante  los últimos meses, crecerá todavía más.

La razón es que, según dijo, “científicamente sabemos que en su primer año la planta de coca produce muy poco, y luego produce mucho más (…) sin culpar, esa es una realidad que tenemos que atacar”. La razón es que, según resultados de investigaciones policiales, el año pasado se plantaron muchos nuevos cocales.

Solo que atacarlos, con el método que sea, será, sin duda alguna, causa de disgusto para organizaciones campesinas como Ascamcat, en nuestro medio, que intenta amedrentar al gobierno con paros como el del año pasado en Tibú si sigue erradicando coca con métodos de fuerza.

Para su gobierno, según el exembajador, las Farc deben figurar entre los 5 primeros grupos narcotraficantes del mundo, con todo lo que ello implica, que no es poco, pues veladamente está diciendo que un eventual acuerdo de paz estaría vinculando al gobierno colombiano con una de las más grandes mafias del tráfico de drogas en el planeta. Y las Farc están vinculadas a zonas de cultivo de coca…

Entonces, ¿cuál es la realidad que según Brownfield “tenemos que atacar”? ¿Esos planes incluyen a los cultivadores, es decir, a las Farc y a los campesinos cocaleros a los que protegen? Si es así, podría pensarse en que las guerrillas, sin mucho meditarlo, podrían reaccionar, pues ya hay acuerdos con el gobierno sobre todo lo relativo al narcotráfico, y los diálogos de La Habana quedarían en vilo…

Brownfield señala que en su país el consumo de cocaína ha crecido, pero no profundiza en el hecho de que es el consumo la razón para que haya cultivos de coca y producción de cocaína. Es decir, nada dice de que la razón para que en Colombia los cocales crezcan está en las oficinas ejecutivas de Nueva York y otras ciudades, en sus escuelas, en sus sets de cine y televisión…

Sin consumo no hay producción, lo saben desde el exembajador hasta el hijo del cocalero de Catatumbo, pasando por todas las policías. Entonces, y esta es solo una pregunta suelta, ¿por qué no atacar el consumo, por qué no combatir las causas del fenómeno, es decir, por qué no buscar, encontrar y neutralizar a los drogadictos estadounidenses, para que así no haya compradores y los cultivos se reduzcan, pues ya no habría negocio?

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