Ojalá Carlos Julio Socha, que llegó a gobernar en Villa del Rosario, se pusiera como meta central la búsqueda de cerrarle el camino a la criminalidad, haciéndole ver al Gobierno Nacional la importancia que su municipio tiene para Colombia por ser uno de los lugares en donde empieza nuestro país.
Esa misión, por ejemplo, debería comenzarla por el corregimiento Juan Frío, que lastimosamente sigue siendo relacionado con el conflicto armado y los efectos depredadores de la violencia.
Recordemos que uno de los estigmas que ha cargado fue el de haber sido como una especie de cuartel de las Autodefensas Unidas de Colombia, con su Bloque Fronteras, que montó hornos crematorios para la desaparición de sus víctimas.
Hoy, lamentablemente, esa especie de karma lo sigue persiguiendo al estar en el ojo del huracán por la presencia de la guerrilla del Eln que se ha hecho fuerte en esta parte de la frontera con Venezuela, llevando otra vez la zozobra y el desconcierto a este corregimiento rosariense.
Esa organización armada ilegal ha llegado allí con el propósito de asumir el control y tener bajo su mando puntos como las trochas que conectan con Llano Jorge, en el lado venezolano, en una especie de ruta para poder incluso utilizarla como sitio de escapatoria luego de cometer sus acciones contra la fuerza pública o la población civil.
Dejar que este territorio vuelva a caer en manos de los violentos ha constituido un grave error que implica severos problemas para la seguridad del área metropolitana de Cúcuta como ya se ha estado viendo en los últimos meses con ataques y acciones criminales en la zona.
En un informe publicado por La Opinión, referente a lo que está pasando, se nota a primera vista que la población está a merced de quienes a sangre y fuego llegaron a instaurar su dominio, lo cual no puede de ninguna manera permitirse por parte del Estado.
“Acá no se puede hablar nada de eso, quien cuente lo que está pasando comienza a oler a muerto. Esto es terrible, la guerrilla patrulla todas las trochas y en las noches a veces se viene para el pueblo, claro como acá no viene ni el Ejército ni la Policía”, le dijo un poblador a este medio informativo.
Que la ocurrencia de situaciones como la relatada se produzca en esta zona metropolitana es de la mayor gravedad, puesto que implica a las claras que están fallando y no han dado resultado las acciones operativas planteadas para resolver el problema.
Y decimos que esta debiera de ser una labor urgente del alcalde rosariense, es para que alguien esté siempre ahí atento y vigilante de que las determinaciones sean las mejores y sirva de enlace entre la comunidad y el alto gobierno en la búsqueda de las mejores alternativas.
Porque hay que poner de presente la necesidad de combinar las estrategias: las militares y policiacas y judiciales, lógicamente, para enfrentar con el peso de la ley a los violentos, pero también con programas sociales, económicos, de empleo y de infraestructura que mejoren las condiciones de vida de la población.
Aquí, como en otros asuntos estructurales porque estas acciones de violencia hacen parte de una escalada nacional sin precedentes desde que se firmó el acuerdo con las Farc, la ciudadanía quisiera saber qué están pensando hacer los candidatos presidenciales frente a la violencia en la frontera con Venezuela, la guerrilla del Eln, las bandas criminales, los carteles mexicanos de la droga y los cultivos ilícitos. Eso es muy importante saberlo para decantarlo y analizarlo.
