Agridulce resultó la evaluación de competitividad de Norte de Santander, que aunque obtuvo logros en varios aspectos, sigue atrapada en la maraña de delitos como el homicidio, el secuestro y la extorsión que enmarcan el nocivo ambiente de violencia en la región.
Esa medición especializada rajó el comportamiento de las tasas de ocurrencia de los citados hechos delincuenciales en el departamento que lo llevaron a ocupar los últimos lugares como consecuencia del alto número de casos.
Debe tomarse muy en serio lo afirmado por el director de la Comisión Regional de Competitividad, José Gabriel Román, en el sentido de “ayudar a la Alcaldía de Cúcuta y a la Gobernación, junto con la Fuerza Pública, a mejorar la situación de seguridad, porque si no esos indicadores siempre nos van a castigar”.
Y ese ‘castigo’ del que habla se refleja en implicaciones nocivas como una escasa o nula inversión en proyectos empresariales y productivos, la caída en las ventas del comercio local, el aplazamiento de planes de ensanche, la pérdida de confianza, el cierre de empresas y comercios, la destrucción del empleo y mayores niveles de informalidad.
Es que el mundo de los negocios requiere de una serie de condiciones que son cruciales para su desarrollo, más allá de la mera situación económica, como es la seguridad plena, la infraestructura, los estímulos a las inversiones y las facilidades para los trámites de diversa índole.
Por tal razón se necesita un trabajo mancomunado para que la competitividad mejore, salir de ese lugar situado a mitad de tabla, que todavía nos mantiene con una muy mala calificación de 5,21 sobre 10, que nos demuestra la urgencia de superar aspectos concretos.
Uno de ellos se relaciona con el pilar de la sostenibilidad ambiental que está muy debilitado porque Norte de Santander es el departamento que se ubica en el segundo puesto por los altos niveles de deforestación y porque marca una gran cantidad de emisión de fuentes móviles contaminantes.
Esto nos señala que son muchos los males que se tienen que ir conjurando y lograr ponerlos en el mismo lugar con calificaciones positivas que Norte de Santander alcanzó, por ejemplo, en infraestructura de servicios públicos y sus niveles de cobertura de acueducto y energía eléctrica, elementos esenciales para mostrar a potenciales inversores, puesto que indican un importante volumen de eficiencia.
Coincidente con lo señalado recientemente por la Planeación Nacional, en este análisis de competitividad también resultó bien evaluado el departamento en materia de transparencia en el uso y en la gestión de regalías destinadas a diversos proyectos, lo cual se nota que es una de las fortalezas de la región.
Hay que resaltar que en diversificación de mercados para la exportación de nuestros productos, en educación básica y superior también se llevó altas notas, labores estas que deben seguirse profundizando en beneficio tanto del empresariado, la generación de divisas como en la educación de los niños, adolescentes y jóvenes.
La única opción es fortalecer y mantener lo alcanzado hasta el momento y desde ya empezar a aplicar los correctivos para que esos asuntos generadores de tantas preocupaciones empiecen a ser corregidos y desactivados para que la región logre consolidar su competitividad.
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