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Editorial
Fenómeno de La Niña
Que La Niña pueda llegar a ocasionar pérdidas estimadas en unos veinte billones de pesos en el país, es una clara notificación de los desastres a que están expuestos los colombianos.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 26 de Junio de 2024

Prácticamente todo el territorio nacional está expuesto a sufrir los rigores del fenómeno de La Niña, lo cual significa que los fuertes aguaceros, las remociones de terreno, las avalanchas y las inundaciones conducirán a situaciones de alto riesgo para los colombianos.

Hay que alistarnos para enfrentar lo que viene, máxime en un departamento como Norte de Santander tan sensible para sufrir los estragos por efecto de los fenómenos naturales.

El más reciente, ocurrido a finales de mayo del año entrante en El Tarrita con un gigantesco deslave que afectó la carretera Ocaña-Cúcuta y destruyó las viviendas y negocios de las familias que habitaban en esa región. Sin olvidar después el hecho ocurrido recientemente  en Arboledas.

Y  lo más dramático sucedió a finales de 20210 con la destrucción del casco urbano de Gramalote por una falla geológica.

Luego tenemos unas historias muy recientes que nos deben llevar a todos, especialmente las autoridades, a adoptar las medidas requeridas para la mitigación de los riesgos y tener los planes de prevención para enfrentar las eventualidades que puedan suceder en una temporada de torrenciales lluvias como la que se avecina.

Es que oír hablar que en total 1.083 municipios colombianos resultarían impactados es algo que tiene que llamarnos a cada uno de los habitantes de barrios y veredas a adelantar sencillas labores de prevención como son las de despejar las rejillas de los desagües y alcantarillados, revisar la condición de los muros de las viviendas, entre otros, para evitar graves afectaciones.

Los planes concretos para conocer y reducir el riesgo, fortalecer la gobernanza y mejorar la preparación ante las emergencias, son una obligación de las administraciones locales y departamentales para proteger a la población.

Hay que tener presente que una amenaza de esas características también ponen en peligro la economía y la producción, por lo cual es necesario que se tengan opciones en la mesa en cuanto a planes de contingencia para frenar problemas de desabastecimiento y de inflación por efecto de la destrucción de las cosechas.

Desde todos los frentes es indispensable que se tengan las previsiones listas porque una emergencia ni avisa y muchas veces ni siquiera da tiempo para salvarse  de la misma, razón por la cual las comunicaciones de emergencia entre las comunidades con alto riesgo de amenazas es igualmente urgente de tener listos.

Ante las probabilidades de que La Niña tenga unos altísimos niveles de peligrosidad, las declaratorias de calamidad y los ajustes  necesarios en materia presupuestal y de apoyo desde la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo son indispensables, obviamente, con un blindaje frente a casos de corrupción.

Imaginemos no más que los esfuerzos y las inversiones deberán ser de una gran magnitud si nos atenemos a la consideración del director de la entidad, Carlos Carrillo, de que La Niña podría ocasionar pérdidas estimadas en unos veinte billones de pesos en el país. 

Lo importante aquí es que la celeridad en la reacción gubernamental sea la efectiva y que se evite caer en los errores que ocurrieron en la atención de la emergencia de El Tarrita, donde debió pasar un año para que al fin se contrataran los estudios para la vía afectada y donde todavía no se han tomado todas las decisiones para la atención del plan definitivo para los damnificados.

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