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Editorial
EU: La primera prueba
Donald Trump es ahora segundo en la lista de aspirantes republicanos.
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Martes, 2 de Febrero de 2016

Comenzó la búsqueda del reemplazo del demócrata Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos, y ya hay dos cosas bastante claras: la una, que el millonario neoyorquino Donald Trump no es invencible, como lo pregonó siempre hasta el lunes en la noche, y, la otra, que nada de lo demás es claro.

Gritar y hacer creer que siempre gana quedó para la historia menuda de la elección actual en la que su xenofobia y sus exabruptos deben haber comenzado a saberle feo a Trump, ahora segundo en la lista de aspirantes republicanos y con una cifra de delegados igual a la del tercero, Marco Rubio, de Florida.

El caucus (asamblea partidista) de Iowa, primero en todo proceso electoral, dejó ver un partido republicano en manos no acostumbradas: dos candidatos de origen cubano, uno más radical e intransigente, pero ambos igual de doctrinarios, ortodoxos y derechistas: el texano Edward Cruz y el floridano Marco Rubio.

Es a ellos a quienes tiene que derrotar Trump en los próximos caucus, si quiere llegar a disputar la presidencia, algo que no parece fácil, por cuanto sus rivales tendrían el apoyo interno de su gente, de los votantes hispanos, con los que el millonario está de pelea desde casi comenzar su campaña.

En esta primera jornada, “Iowa ofreció una de las paradojas fascinantes que da la política estadounidense: un Estado con más de un 90% de blancos no hispanos en el que el Partido Republicano, que es el partido de los blancos, dio la victoria real y moral a dos latinos, hijos de inmigrantes cubanos que, además, defienden políticas de mano dura con la inmigración”.

Pero, en el partido demócrata, el empate técnico entre la exsecretaria de Estado Hillary Clinton y el senador de Vermont Bernie Sanders, deja la situación para que la aproveche quien tenga más elasticidad ideológica.

Sanders es un socialista que, sin duda, obliga, no solo a Clinton sino a los republicanos, a ir hacia la izquierda. Pero es allí, en esa zona cercana al extremo, donde se definirá el próximo presidente.

El hecho de que la mitad del electorado demócrata de Iowa haya entregado su respaldo a un socialista, es clara señal de por donde deberán ir todos los otros candidatos, si quieren tener alguna posibilidad.

Desde luego, no hay posibilidad alguna de que el socialismo se entronice en el propio sanctasanctorum del capitalismo, ni más faltaría. Pero, por razones de campaña, los candidatos tendrán que dar pasos a la izquierda como tal vez jamás pensaron que tuvieran que hacerlo.

De todos modos ninguno irá más allá de los discursos, y nada dirán más allá de lo permitido por el más sereno y reflexivo sentido común: no se habla de socialismo en los pasillos de la Casa Blanca o en los del Congreso de Estados Unidos, menos junto al Banco de la Reserva Federal o a la Bolsa de Nueva York.

Pero el candidato que se quede plantado en la ortodoxia de los discursos partidistas, que no sea un tanto elástico, tendrá menos oportunidades, y todo, por razón de Sanders, que de la nada se está convirtiendo en el eje político.

De los Bush, ni hablar: a Jeb, el tercer aspirante de la familia, los electores de Iowa casi lo desaparecieron.

Algo que deben tener en cuenta los líderes de los partidos es la profunda división ideológica existente en las dos colectividades: el populismo exacerbado y untado de xenofobia y excentricidad de Trump, para nada compagina con el rigor y la disciplina partidaria y la ortodoxia ideológica de Cruz y Rubio.

Y, en el lado demócrata, la serena y sesuda señora Clinton, tendrá que, quizás a regañadientes, correrse a la izquierda, aunque se sienta incómoda, a fin de cerrarle el paso al arrollador Sanders.

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