Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
El tesoro
El San José y su tesoro son colombianos, como lo son todos los tesoros que se llevaron.
Authored by
Viernes, 11 de Diciembre de 2015

Creemos, con André Maurois, que la codicia es el origen de la mayoría, si no de todos los males. Puede conducir, incluso, a olvidarse de la vergüenza, y a borrar toda perspectiva histórica, con tal de que la avaricia se sienta satisfecha.

Le acaba de pasar al gobierno español, que tan pronto supo que habían sido descubiertos el galeón San José y su supuesta multimillonaria carga de metales y de piedras preciosas, reclamó una cosa y la otra, en un derroche de codicia que ni en la Invasión ni en la Colonia se debió ver.

En primer lugar, debe estar muy mal de juristas la España del presidente Mariano Rajoy, porque de esta parte del mundo cualquiera sabe que a Colombia no la pueden someter a la Convención de la Unesco de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, por la razón elemental de que este país no la firmó, es decir, no se sometió a ella.

Pero, en el supuesto de que Colombia la hubiera firmado, ¿qué reclaman España? No el oro y la plata y las esmeraldas y otras joyas, obviamente, sino lo que ellas representan, es decir, el sudor y la sangre y el dolor de los millones de indios y decenas de miles de negros a los que los Reyes Católicos esclavizaron para arrancarle de las entrañas su riqueza a América y llevársela, ajena, hasta Madrid.

Y eso es una obscenidad, una triste actitud que no les va nada bien ni a España ni a su gobierno, una muestra de que la avaricia y la desvergüenza no tienen ni fecha de caducidad ni límite alguno. No le ha bastado a Europa toda la hecatombe americana de la que los 30 millones de indios muertos por causa del trabajo esclavo son solo uno de los aspectos menos conocidos.

Desde luego, los siglos 15 a 18 eran otros tiempos: de ignominia, abuso, explotación sin misericordia, violación de todos los derechos, expoliación, dolor, llanto, lágrimas y sangre, mucha sangre inocente derramada en procura de que las arcas de la Corona estuvieran siempre llenas.

Las arcas de los Reyes Católicos, las de un régimen que ya murió y del que nadie en particular es heredero, o si se prefiere, del que hay muchos con mérito a heredar, incluidos, además de los españoles, los americanos, porque tanto la Metrópoli como las Colonias éramos parte integral del mismo sistema oprobioso.

Es decir, todos éramos de los mismos, y no se entiende con claridad que, pasados los siglos, las riquezas le puedan pertenecer a España, pero nunca a América, cuando de acá las hicieron arrancar hasta con las uñas quienes, por mandato de Dios, según decían, se creían con derecho a bienes y vidas.

El San José y su tesoro son colombianos, como lo son todos los tesoros que se llevaron y le ayudaron a la Corona convertirse en la potencia planetaria que fue y que, por fortuna, ya no es.

En torno de este asunto, el españolísimo diario El País cuestiona que su gobierno reclame el barco y su carga, con argumentos poderosos. “¿Cuál era el país de origen del San José? Desde luego no el Estado nación español tal como lo entendemos, sino una estructura política desaparecida, la monarquía católica, de la que formaban parte tanto los reinos americanos como los europeos. Tan súbditos del rey católico eran los habitantes de Cartagena de Indias como los de Cádiz, y no resulta fácil argumentar por qué los descendientes de estos tienen más derechos que los de aquellos sobre un galeón construido con los impuestos de los antepasados de unos y de otros.

Temas del Día