Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
El ser cucuteño
En Colombia se considera que Cúcuta es la ciudad con la clase política más corrupta del país.
Authored by
Miércoles, 16 de Marzo de 2016

Hay tres escenarios en los que los cucuteños se muestran excepcional y fuertemente unidos, y que se deben tener en cuenta cuando se emprenda una campaña en busca de fomentar una cultura diferente, el fútbol, la religión y las redes sociales.

No tanto tolerarlas, sino considerar propias algunas malas costumbres, solo porque nacieron en una ciudad donde las cosas siempre han sido así, es tal vez, la particularidad más arraigada de la cultura ciudadana de Cúcuta.

Lo dicen muchos cucuteños en una encuesta de Cúcuta cómo vamos, y lo corroboran múltiples acciones de cada día en una ciudad en la que se hace lo que se quiere, porque siempre se ha hecho, sin importar las consecuencias.

Sin embargo, cualquier crítica a esas formas de cultura ciudadana recibe el rechazo vehemente, pues se considera de manera equivocada que el sentido de pertenencia está por encima de toda otra consideración. “A Cúcuta se la ama o se la deja”, advertía, chovinista, un grafito a un lado de una vía a Venezuela.

Aquí podría estar la razón por la cual se lapidó a un opinador que, sobre sus lazos familiares con la ciudad, trató a Cúcuta como un peladero. Las redes sociales prácticamente estallaron de tantas frases hirientes y ofensivas contra el periodista y la publicación donde se difundió su punto de vista.

Como la vecindad con Venezuela ha permitido el intercambio constante de mercancías por todas las vías posibles, es normal creer que el contrabando no es delito y que si alguien se opone, actúa en contra de la costumbre local y, por lo mismo, merece el repudio general.

Tolerar conductas contra el ordenamiento jurídico es una de las bases de la cultura de la ilegalidad que algunos estudiosos creen que forma parte del concepto de cucuteñidad, y que se disculpa en la manida frase según la cual “así somos aquí, así somos los cucuteños”.

Por eso, el automovilista estaciona su auto donde le place, el taxista no usa ni el taxímetro ni el cinturón de seguridad y cobra tarifas a ojo, el tendero no entrega el cambio completo, el usuario del banco o de la EPS o de donde se trate no hace cola, el vendedor se adueña de cualquier sector en cualquier calle, el contribuyente no paga los impuestos como debe ser, el motociclista no tiene el menor reparo en andar en contravía o de saltarse los semáforos, el ciudadano común y corriente cree que la autoridad es una intrusa y el elector considera que apropiarse del dinero del Estado es parte de la investidura del funcionario al que respalda con su voto.

Por esto último, en Colombia se considera que Cúcuta es la ciudad con la clase política más corrupta del país, con órganos de control tan desidiosos y pasivos que más parecen cómplices.

Pero, todo puede ser diferente. Se necesita algo que tampoco existe en estas tierras: voluntad política para cambiar lo que se deba cambiar.

Hay tres escenarios en los que los cucuteños se muestran excepcional y fuertemente unidos, y que se deben tener en cuenta cuando se emprenda una campaña en busca de fomentar una cultura diferente, una de respeto a la ley y la autoridad, una que deseche como indeseables los elementos en los que descansa la cultura del cucuteño.

Esos escenarios, según la encuesta, son el fútbol, la religión y las redes sociales, y deben ser aprovechados al máximo para enseñarle al cucuteño que se puede ser diferente.

Cuando Nelson Mandela se vio ante el imposible de cambiar a su país, el de odios más acendrados en el planeta, recurrió al deporte, e hizo del equipo nacional de rugby, pasión de Sudáfrica, el elemento con el que unió a negros y blancos, que motivados, olvidaron odios de siglos.

Todas las autoridades, todos los líderes, todas las personas conscientes de que hay que modificar la cultura ciudadana de Cúcuta deberán emprender la tarea de al menos intentarlo, sin detenerse a pensar que nunca es tarde. En estos aspectos, ya mañana puede ser muy tarde.

 

Temas del Día