¿ Por qué son tan peligrosas las motocicletas? es la lapidaria pregunta con la que se tituló un trabajo periodístico publicado por La Opinión el domingo, relacionado con esos vehículos que, tristemente, se está convirtiendo en sinónimo de tragedia en la región y en el país.
Evaluando estadísticas, la lógica llevará a indicar que obviamente eso es probable que ocurra si tenemos en cuenta que en el parque automotor que circula en Colombia ellas llevan la delantera.
Un reciente reporte de Fasecolda recordó que de 17.6 millones de vehículos que existen en el país, 10.5 millones son motocicletas, asunto que sigue creciendo, porque al cierre de 2021 ingresaron 250.000 carros y otras 740.000 motos último modelo.
Y otra respuesta al dramático interrogante sale de los mismos aseguradores, es que en el 87% de los accidentes de tránsito con lesionados, hay una motocicleta involucrada.
Pero de lógica que este dramático cuadro en algún momento tiene que ser enfrentado, porque no puede ser posible como se acaba de reseñar en este medio informativo, que en el área metropolitana de Cúcuta, entre el 28 de agosto y el 18 de septiembre, siete personas han muerto en accidentes de tránsito en que aparecen como protagonistas las motocicletas.
Al volver a lo expuesto por el gremio de aseguradores y contrastarlo con lo que está ocurriendo en las vías de nuestra región, donde ya han muerto 83 personas en accidentes viales en lo corrido de este año, tienen razón los análisis estadísticos de que en Colombia el 60% de los fallecidos en siniestros viales en 2021 y el 59% en el primer semestre de 2022, eran usuarios de motos.
Luego aquí viene entonces la misión para los políticos, los gobernantes y los analistas para entrar a ponerle ‘freno’ de manera urgente a este hecho.
Ahí deben jugar papel los concejales, los alcaldes, los secretarios de Tránsito, los concesionarios y los expertos para desde diversos puntos de vista trazar un plan de acción que reduzca y, por sobre todo, inculque la educación.
Lo que pasa, a todas luces, es que nadie le teme ya ni a los retenes ni a las operaciones en que terminan siendo multados, luego entonces tendría que empezarse por un aspecto que ha sido olvidado o tratado sin mayor profundidad: la cultura vial a los motociclistas.
Es que nadie se explica cómo alguien que tiene la licencia de conducción pase tranquilamente y a toda velocidad un semáforo en rojo, no respete los pares y viole la mayor parte de las normas y señales de tránsito.
¿Es que la enseñanza no es la adecuada? ¿Es que no les importa? ¿Es que hay que revisar los sistemas para entregar licencias por primera vez y por renovarlas? ¿Hay que ser más estrictos? ¿Hay que hacer cursos cada cierto tiempo? ¿O es cuestión de que no les importa la vida?
Algo muy grave pasa y que tiene que ver con el comportamiento humano y la inversión de valores donde es más importante el minuto perdido o el dinero que se deje de hacer en un instante, que proteger o salvar la vida propia y la de los demás.
Y el otro aspecto que no se debiera dejar pasar por alto es una notificación proveniente de Fasecolda, sobre el hecho de que buena parte de las motos que se venden en Colombia no podrían comercializarse en otros países por no reunir los requisitos mínimos de seguridad, por ejemplo, sistemas de frenado ABS.
Esos dos elementos: el del humano inhumano al frente de la moto y de las motos sin las mejores condiciones de seguridad, deben de ser conjurados prontamente.
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