Que en Cúcuta haya familias que no pueden poner en la mesa sus tres comidas al día es un deprimente cuadro detrás del cuál se ocultan el hambre y la desnutrición con sus graves consecuencias.
Lo detectado por el programa Cúcuta Cómo Vamos de que un 30 por ciento de las personas no logra ese nivel de alimentación básica dibuja una inocultable y dramática realidad generada por el deterioro socio-económico.
En esa encuesta la gente contestó que no comía tres veces al día. ¿Será que apenas comió dos veces? O una no más. Y sin saberse la calidad nutritiva de los pocos alimentos consumidos y la cantidad requerida.
A eso hay que llamarlo por su nombre real y es: hambre.
Cuando una sociedad es afectada por un problema de esas características hay que revisar de inmediato en qué se está fallando pues la pobreza extrema y la miseria suelen ir de la mano con la falta de alimentos en la despensa.
Y la misma no solamente se enfrenta desde el asistencialismo sino con decisiones estructurales.
Que cada tres de diez personas adviertan ese lamentable hecho, debe llamar a precisar cuántas son niños, ancianos, jóvenes y adultos.
La caracterización de ese mal es urgente si tenemos presente también que su presencia dispara enfermedades de diversa índole, por ejemplo.
El hambre es transversal a los problemas económicos en el hogar, a la carencia de empleo, a la informalidad laboral, a la carestía y la exclusión social.
El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2025 señala que el 8,2 por ciento de la población mundial, unas 673 millones de personas, pasó hambre en 2024.
Para cerrar esa brecha que proteja a los hogares cucuteños de la indeseable visita del hambre se encuentra precisamente en fortalecer la economía productiva con más inversiones y la apertura de fábricas, al igual que aprovechar el comercio bilateral y las nuevas oportunidades con Venezuela.
Con esa indispensable vigorización del tejido empresarial cucuteño y metropolitano al tiempo que los emprendedores también tengan el respaldo suficiente para sus proyectos, de esa manera se podrá procurar una extensión de las ofertas de plazas laborales en la región.
Y en lo inmediato o coyuntural, porque si a esto no se le pone freno inmediato se corre el riesgo de su empeoramiento, entre el Gobierno nacional y la administración municipal deben hacer un barrido con el programa ‘Hambre Cero’ para salvar a quienes están en esa delicada situación, mientras avanzan otras acciones de carácter estructural.
Aquí es importante lo dicho por Sharyn Hernández, directora de Cúcuta Cómo Vamos, quien resaltó que de la pasada medición a esta el indicador bajó del 36% al 30%, “continúa siendo una cifra alarmante porque no se trata de entender de que el 70% sí tiene esa facilidad (de las tres comidas diarias)”.
Bueno es tener presente que no solo nos acecha la inseguridad por la violencia sino que la seguridad alimentaria de los ciudadanos se deteriora y hace difícil porque no cuentan con el acceso económico para la obtención de los alimentos suficientes, cayendo así en el hambre.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
