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Editorial
El gran misterio
Todo porque el famoso sistema de los cupos de taxis se convirtió desde hace muchos años prácticamente en un ‘negocio’ de las administraciones que llegaban a instalarse en las alcaldías metropolitanas.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 26 de Mayo de 2021

¿Cuántos taxis hay realmente en circulación y operación en Cúcuta y en el área metropolitana?

La respuesta a esa pregunta es todo un misterio. Las cifras abundan, pero no concuerdan y nadie a ciencia cierta sabe dar con el chiste. Pero al ir por las calles y simplemente dar una rápida mirada, se advierte que la ‘mancha amarilla’ es realmente grande.

Todo porque el famoso sistema de los cupos de taxis se convirtió desde hace muchos años prácticamente en un ‘negocio’ de las administraciones que llegaban a instalarse en las alcaldías metropolitanas.

Para comprobar la diversidad de datos, por ejemplo un conteo taxis que se hizo en la administración de Donamaris Ramírez, entre el 22 de julio y el 16 de diciembre de 2015, se dijo que el parque automotor ‘censado’ de ese servicio público era de 6.117 vehículos.

En 2019 llegó a señalarse que en la ciudad el número total de vehículos que prestaban el servicio de transporte individual de pasajeros era de 8.778, es decir, 2.661 taxis más. Todo esto sin conocer la rigurosidad de los datos dados en su momento.

Esta cifra deberá ser corroborada por la justicia administrativa en el desarrollo de una acción popular que fue interpuesta y que pudiera ser la fórmula que lleve a levantar el velo en torno a cuál es realmente la cantidad de automotores dedicados a esa actividad y que tienen matrículas de Cúcuta, Los Patios, Villa del Rosario, El Zulia, San Cayetano y Puerto Santander.

De lógica lo que ahí debe hacerse es, evidentemente, no permitir más aperturas para introducir nuevos carros, a no ser que correspondan al procedimiento de reemplazar a los que vayan cumpliendo la vida útil, pero con estrictos controles para prevenir maniobras que lleven a la súbita aparición de más taxis de los debidos, porque sin duda, aquí no cabe ni uno más por lo menos durante cinco años.

Aunque lo cierto es que el mejor mecanismo para contener esa dañina expansión que nada bueno le ha traído ni a la movilidad ni al mismo gremio de taxistas, es la información precisa y real sobre la cantidad actual, ya que lógicamente entre más oferta, menos carreras por carro habrá.

Esa incógnita debe dejar de ser manejada como si fuera un secreto de Estado, porque además de la reñida competencia en que se ha convertido, también hay un fuerte impacto que debe medirse desde el punto de vista del medio ambiente sano.

Los alcaldes metropolitanos actuales con los respectivos concejos están en mora de definir un gran pacto que se convierta en acuerdos locales que le cierren cualquier posibilidad a la llegada de más taxis sin ningún control, exigiendo para ello estrictas reglas y creando veedurías ciudadanas con el fin de evitar nuevos desbordamientos.

Lo ocurrido es una prueba más de lo grave que resulta para un municipio como el nuestro no contar con una política pública de transporte estructurada a corto, mediano y largo plazo, que a la vez esté conectada con las localidades vecinas, para que el usuario sea el eje de este servicio público.

El ordenamiento de la misma ciudad, la fluidez del tráfico automotor, los niveles de contaminación, el modelo de transporte urbano que se desea y su coordinación con los taxis es algo que estamos lejos de ver en Cúcuta, donde ahora uno no sale a buscar taxi sino que el taxista lo llama a uno, por ese desbordado y descontrolado número de vehículos que recorren nuestras calles.

Nunca es tarde para hacerlo. Pero hay que empezar a ordenar la casa en un aspecto tan importante pero a la vez complejo para que Cúcuta sea una ciudad realmente acogedora.

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