"La presión de la inflación es muy alta sobre el presupuesto de los hogares”: Juan Daniel Oviedo, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
“Desafortunadamente el proceso de retorno a inflaciones bajas va a tomar un tiempo mayor al deseable”, Leonardo Villar, gerente del Banco de la República.
Si ellos lo dicen -por tener como se dice popularmente, ‘la sartén por el mango’, al manejar y conocer la información estadística y contar con una visión de primera mano sobre la realidad macroeconómica- entonces debemos alistarnos a una temporada adicional de altos precios.
Cúcuta, como siempre, es una ciudad altamente sensible a esos movimientos del Índice de Precios al Consumidor, que castigan fuertemente a la población que cada día advierte una escalada alcista que no se detiene.
En la capital nortesantandereana hubo un hecho disparador provocado por la decisión oficial del Área Metropolitana de autorizar el aumento en la tarifa mínima de los taxis y de elevar el valor del pasaje en buses y busetas.
Y aunque los propietarios del parque automotor que prestan esos servicios defendieron que requerían dichos incrementos para solventar los costos de operación, nadie se detuvo a evaluar que ahí se vendría un impacto adicional al menguado presupuesto familiar.
Dicho y hecho. En el más reciente informe del DANE sobre el IPC de Cúcuta, en donde el transporte y la energía eléctrica se convirtieron en los principales ‘agentes conductores’ de la inflación en esta ciudad fronteriza que en junio marcó 1,21% de aumento en los precios de la canasta familiar.
En ese mes se subió al podio como la más cara del país, mientras que en los últimos doce meses registra un acumulado del 13,65%, lejos del promedio nacional que se situó en 9,67%.
Lo complicado aquí es que el ritmo galopante nos ha llevado a una inflación de dos dígitos, con afectaciones reales hasta en las posibilidades alimentarias, porque ahí también el efecto es notoriamente alto y constante.
Es así como de nuevo siguió subiendo la carne de res y sus derivados (5,81%). Por eso es que el kilo fluctúa de los $33.000 a $40.000. Estos son precios históricos que (lo dudamos) ojalá bajen, porque de lo contrario ese alimento tan importante entrará en aquello que se llama ‘artículos de lujo’.
Pero de verdad que en muchos hogares se deben estar ‘haciendo milagros’ o quien sabe cómo se estarán alimentando, porque el mismo DANE ha advertido que la carrera alcista en el primer semestre de 2022 indica que la carne de res ha subido un 15 %, la leche en el 25 % y el azúcar el 16 %.
Al momento de pagar en la tienda o en el supermercado, la realidad confirma que es muy poco lo que se puede comprar con los ingresos actuales porque hay otros gastos fijos ineludibles que se deben atender, razón por la cual la inflación vuelve a ser un factor de empobrecimiento.
Pero lo peor es que en casos como el de Cúcuta, con altas cifras de informalidad laboral y un desempleo fluctuante, una ola inflacionaria generalizada como la que estamos viviendo acelera los factores de empobrecimiento extremo y de miseria.
Esa mezcla de factores internos y externos que ha acelerado el reajuste de los precios en el 85% de los componentes de la canasta familiar -como lo ha indicado el Banco de la República-ojalá alcance pronto su techo y empiece a estabilizarse y a reducir la presión.
