La muerte llegó antes que los medicamentos. Ese podría ser el epitafio de la crisis de los medicamentos para los afiliados de las EPS, como consecuencia del desabastecimiento y los retrasos para la entrega de los mismos.
El trágico final de la señora Cecilia Quintero, de 70 años, no debe dejarse pasar como un capítulo más dentro de la historia que se escribe a diario sobre el maltrecho sistema de salud en Colombia.
Su caso reúne todas las dificultades que enfrentan los pacientes, puesto que a su hijo con discapacidad no le entregaban las medicinas y pañales oportunamente, a su esposo con problemas cardíacos tampoco y a ella, que padecía una enfermedad renal, igualmente le fallaban en el suministro.
Y se murió dentro de la farmacia a la que por enésima vez acudía para ver si por fin la atendían y le entregaban las recetas pendientes. Pero tampoco ocurrió así y ella murió esperando una solución para el endémico problema.
Primero fue el pequeño Kevin, en Bogotá, y ahora doña Cecilia, en Cúcuta, por cuya memoria es urgente ponerle punto final a esta debacle en que se encuentra el procedimiento relacionado con las medicinas que requieren para sus tratamientos los pacientes afiliados a las EPS.
Esta crónica de una muerte anunciada no puede seguir llenando sus páginas con el deceso de personas a raíz de una deficiencia tan grave que interrumpe los tratamientos y conduce a poner en peligro la vida y a generarles costos adicionales al mismo sistema, porque todo subirá debido a que las personas requerirán otra clase de atención de mayor complejidad.
Y viene también el otro hecho que se relaciona con la desmejora las condiciones de salud que tenderán a complicarse elevando la posibilidad que tengan un deterioro en su condición de vida o lamentablemente mueran por efectos de esas interrupciones y defectos en la prestación adecuada del servicio de salud.
Como lo dejó expuesto doña Cecilia en el video grabado minutos antes de morir, no era cualquier enfermedad la que ella y sus familiares padecen y a los cuales no les han entregado las medicinas.
Esto no puede quedarse en declaraciones sino en acciones urgentes y efectivas desde los puntos de vista financiero y de cubrimiento de todas las necesidades en materia de medicinas para suplir así todos los pendientes y atender sin interrupción las necesidades de los pacientes.
Y también es necesario que se empiecen a determinar responsabilidades penales y disciplinarias, porque debemos insistir, no puede Colombia seguir asistiendo al triste espectáculo de perder la vida porque el Estado no le garantiza el servicio eficiente de salud.
Y doña Cecilia dejó una denuncia grabada en ese video a la que ojalá el Ministerio de Salud, la Superintendencia de Salud y las autoridades respectivas en Cúcuta y Norte de Santander le pongan atención, como es la venta ilegal de medicina institucional, hecho que se ha advertido desde tiempo atrás.
La foto en que se ve la camilla con el cadáver de doña Cecilia Quintero saliendo de la farmacia, marca un tiempo tormentoso que es urgente contener en el campo de la salud.
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