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Editorial
Diálogo necesario
El diálogo para construir acuerdos que faciliten soluciones efectivas a los problemas nacionales tiene que ser una prioridad, con la participación de todos los colombianos que anhelan un país con paz y prosperidad.
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La opinión
La Opinión
Martes, 8 de Junio de 2021

La complejidad de los problemas colombianos, cuya agudización se siente cada vez más en forma generalizada, requiere una decidida apertura a su comprensión. Y ese deber tiene que ser un compromiso de todos, con la voluntad de acertar en el diagnóstico de los males.

Ya para nadie es un secreto la inconformidad en los diferentes sectores de la nación. No es el sentimiento de unos cuantos. Se trata del reconocimiento de las malas condiciones de vida predominantes en vastos sectores de la población colombiana en casi todas nuestras regiones.

La desigualdad engendra perturbación por las afectaciones que genera. Es una fuente de malestar recurrente, sin que se busquen los correctivos adecuados para superarlos. Así se han acumulado las brechas que resquebrajan el tejido social con la pobreza y las consiguientes secuelas que va dejando.

El paro que tiene ya 41 días de activa movilización es una expresión de protesta social, para manifestar la desaprobación al manejo que se le está dando al país. Es el rechazo al crecimiento de la pobreza, al desempleo, al desenfreno de la corrupción, a la recurrencia de la violencia contra los líderes sociales, defensores de los derechos humanos y otros colombianos convertidos en objetivos del exterminio. Es el reclamo por muchos engaños de políticos y gobiernos y por tantas promesas incumplidas. Son muchas las frustraciones represadas.

El paro, naturalmente, ha tenido consecuencias de alteración de la economía, agregando más problemas a los ya existentes y más pobreza en las comunidades afectadas. Es una cadena de males que imponen un cambio de rumbo, sobre lo cual el Gobierno debe tener claridad y proceder en forma coherente.

El ejercicio más eficaz para tratar los problemas que hoy sacuden a la nación es el del diálogo desprovisto de prejuicios y articulado al realismo que las circunstancias imponen. Un diálogo con suficiente información que lleve, mediante análisis serio, a conclusiones constructivas para soluciones sostenibles.

Los dirigentes del paro tienen que demostrar sensatez y voluntad en ese ejercicio del diálogo y no aferrarse a posiciones inamovibles, sin que ello implique renunciar a las peticiones que se han presentado al Gobierno.

De parte y parte tiene que predominar el ánimo de entendimiento a fin de avanzar hacia una salida sostenible y de interés general, lo cual haga posible las soluciones para los problemas expuestos, los que deben atender las carencias sociales y promover condiciones de reactivación de la economía mediante el restablecimiento del aparato productivo, con la articulación de la dinámica empresarial.

Los jóvenes, como protagonistas que han sido en estas jornadas, tienen que ser parte activa de los diálogos en las mesas de estudio.

Puede ser también esta, la oportunidad para que los partidos y movimientos políticos contribuyan a despejar el horizonte.

Ojalá dejen de un lado sus debilidades y asuman tareas que contribuyan a fortalecer la democracia en Colombia y alejar así los riesgos de políticas envenenadas por el odio, el engaño y las maniobras politiqueras y sectarias.

El diálogo para construir acuerdos que faciliten soluciones efectivas a los problemas nacionales tiene que ser una prioridad, con la participación de todos los colombianos que anhelan un país  con paz y prosperidad, con el sello de la democracia, como barrera a los embelecos autoritarios.

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