Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
Desarmar el lenguaje
Un ‘desarme en la palabra’ resultaría siendo de una gran ayuda para tender los puentes que en momentos de agitación como los que vivimos se requieren con urgencia.
Authored by
Image
La opinión
La Opinión
Martes, 1 de Junio de 2021

Una de las cosas que no se pueden recoger son las palabras dichas, que en esta temporada de acrecentamiento de la polarización en Colombia, están resultando del mayor peligro puesto que no ayudan en nada a procurar buscarle salidas concertadas a la crisis social y económica que nos aqueja.

De lógica que hay libertad de expresión y eso nadie lo niega ni va en contra de ella. Es obvio que cada cual tiene derecho a expresar sus opiniones de manera libre y sin cortapisas. Es igualmente posible que los matices de opinión se expongan para mostrar que estamos en una sociedad diversa, donde ni más faltaba, debiera imperar el unanimismo, como muchos quieren.

Ahí reside uno de los focos que ha llevado a que progrese y se imponga un lenguaje de odio y de estigmatización entre las partes, que a veces resulta mucho más peligroso que los mismos disturbios en las calles, puesto que esos señalamientos conducen irremediablemente a situaciones de riesgo.

Como si fueran bandos en conflicto que luchan por arrebatarle posiciones y poderes al otro, todo termina convertido en una riesgosa fuente alimentadora de violencia, que puede terminar siendo aprovechada por fuerzas paralelas interesadas en llegar a los extremos, durante estas jornadas de protesta en el paro nacional.

Códigos no escritos indican que en estos momentos en nada ayudan las afirmaciones y sindicaciones que de parte y parte se advierten en las redes sociales -protagonistas de primera mano en esta desdichada jornada que vive Colombia-.

Un ‘desarme en la palabra’ resultaría siendo de una gran ayuda para tender los puentes que en momentos de agitación como los que vivimos se requieren con urgencia, sin desconocer de ninguna manera que en el país están ocurriendo situaciones que merecen ser atendidas y solucionadas.

Sería como una especie de distención idiomática para bajarle algunos grados a ese acalorado clima, y que resultaría siendo el aporte de los colombianos para que el Gobierno y los representantes de los manifestantes se sienten a dialogar y a negociar la búsqueda de salidas a ese cúmulo de problemas.

Recordemos que las palabras arrojadas con la fuerza del odio lo que terminan es llenando más de barbarie a Colombia, que ya no aguanta más conflictividad armada, puesto que no ha podido despegarse de ella durante más de sesenta años.

Y a nadie le gustarían otros sesenta años con un país sumido en ese caos violento que como hemos visto nada bueno ha dejado y sí muchas tumbas abiertas, miles de huérfanos, viudas, desplazados,  desaparecidos y una sed de venganza que lamentablemente sigue vigente.

Ese ‘desarme de la palabra’ no implica que el silencio sea quien reemplace las acaloradas discusiones repletas de diatribas y peligrosos señalamientos, no. El foro debe seguir creciendo, pero matizado con el uso adecuado de la palabra utilizando, por ejemplo, más argumentación y contextos que ayuden a alimentar el debate y sustenten los pedidos que las comunidades hacen.

Enriquecer la deliberación con aspectos de nuestra historia pasada y contemporánea es igualmente un elemento que ayuda a la construcción de una discusión pública más constructiva y que ayudará a comprender el por qué estamos atravesando momentos como estos.

Los jóvenes que hoy muestran su descontento y los demás componentes de la sociedad deben llegar a esa deliberación civilizada y sin agravios para que desde las diferencias y pensando siempre en el país, construir ese futuro en el que el conflicto y la injusticia, por fin queden en el pasado. 
 

Temas del Día