Si existe el Ministerio de la Igualdad, para entrar a atacar la desigualdad, y como ese mal tiene dentro de sus componentes los habitantes de calle, ¿por qué desde esa instancia gubernamental no se apoya a territorios como Cúcuta a superar ese problema social?
Que una ciudad como la nuestra tenga 2.360 personas en esa condición de indigencia y muchas de ellas también afectadas por la drogadicción, debería mover a la vicepresidenta y ministra Francia Márquez a ayudar a la capital de Norte de Santander a enfrentar tan complejo asunto.
En la filosofía y la razón de ser de esa cartera encaja perfectamente lo que se vive en el Canal Bogotá, en el Parque Lineal, en el Parque 300 Años, la Avenida Cero y las céntricas calles de la ciudad, muchas de ellas aledañas a la Alcaldía y la Gobernación.
Dentro del Plan de Desarrollo Municipal se planteó una estrategia para el rescate, resocialización y reinserción en la educación y la productividad a quienes por múltiples razones se encuentran en esa condición de vulnerabilidad.
Al contar con esas líneas de acción municipal resulta más fácil que desde la institucionalidad de un ministerio como el mencionado se obtengan las asignaciones presupuestales necesarias y los apoyos técnicos especializados para que se logren unos buenos resultados.
Es bueno recordar que ayudar a las personas a superar la indigencia es una forma de salvarles la vida y de abrirles el camino hacia oportunidades ciertas y seguras en la sociedad.
Aquí se esperaría que sí hay eco y no indiferencia y silencio estridente como ha sucedido con la inseguridad en la ciudad por parte de las altas esferas del Gobierno Nacional.
En concordancia con las políticas de cambio y de superación de complicaciones como esta de los habitantes de calle que va en crecimiento y que no se escaparía de los subregistros, la lógica indica que para el cumplimiento de las gestiones desde ese ministerio el apoyo a la superación de este delicado inconveniente es un hecho que debería ocurrir sin mayores complicaciones.
Debemos admitir que presupuestos como el de Cúcuta no garantizan una continuidad en el tiempo y una ampliación de los beneficios del programa a todos quienes se encuentran en condición de habitantes de calle, razón por la cual el apoyo del Gobierno Nacional es indispensable.
El caso cucuteño, como ocurre con muchas otras problemáticas, es muy diferente al de otras ciudades, puesto que por ejemplo una cantidad importante de estas personas llegó de Venezuela y un número también preocupante corresponde a drogadictos, luego son variadas las acciones y medidas que deben acometerse para lograr los resultados previstos.
Sin duda, el apoyo nacional a este plan local debe lograrse, puesto que así se desactivará paralelamente el delicado asunto de los consumidores de drogas callejeros que se ha descubierto son utilizados por las organizaciones de microtraficantes para el expendio de las sustancias psicoactivas.
Lograr la igualdad es que no tengamos más personas durmiendo en los canales de aguas lluvias o debajo de los puentes y que en lugar de ese deambular en busca de un bocado de comida, logren que desde la institucionalidad se les extienda una mano y sean cobijadas por las políticas públicas contra la desigualdad.
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