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Editorial
Contra el secuestro
Tenemos conocimiento que muchos casos no se denuncian por el miedo a los delincuentes.
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Lunes, 7 de Diciembre de 2015

Qué desgracia que el repudiable delito del secuestro haya vuelto a enseñorearse en Norte de Santander con todos sus dolorosos efectos y consecuencias funestas.

Según el reporte de las autoridades policiales, 32 casos de secuestro se han registrado en el presente año en la región.

Se trata de la cifra más alta del país, lo que obliga a las autoridades y a la comunidad a hacer frente común contra este abominable flagelo.

En varias ocasiones hemos planteado con insistencia la necesidad de planes y acciones preventivas permanentes en las que es fundamental la colaboración ciudadana.

Tenemos conocimiento que muchos casos no se denuncian por el miedo a los delincuentes y que se ha disparado también en Cúcuta y su área metropolitana el llamado “secuestro express”, con el que se somete a extorsiones y amenazas a pequeños comerciantes y hasta a gentes humildes sin ninguna solvencia económica.

Ayer, este diario presentó el patético contraste de la liberación de Mariela García de Amaya, de 72 años, quien había sido secuestrada a finales de octubre pasado y por cuya liberación sus captores pedían 5.000 millones de pesos, una cifra astronómica para cualquier familia de clase media y aún adinerada. Su liberación fue posible por la efectiva acción del Gaula de la Policía Nacional y la colaboración de su familia y la ciudadanía.

Y la dolorosa suerte corrida por el exalcalde de Salazar de las Palmas, Jesús Emilio Ayala, secuestrado el 21 de febrero de este año, y cuyos restos fueron hallados en una vereda de El Zulia por la confesión de uno de sus captores.

Estos criminales lo mataron 20 días después de haberlo secuestrado y lo enterraron con las manos amarradas.

Como ha pasado con otros trágicos episodios similares, los desalmados secuestradores y asesinos llamaron varias veces a su familia a pedir 500 millones de pesos de rescate cuando lo único que podían entregar eran sus despojos.   

En este momento que se sepa, están en poder de secuestradores el Alto Consejero para la Provincia de Ocaña, Ramón José Cabrales, cuya familia ha sido golpeada en forma inmisericorde por este delito, y Ramón Emiro Arenas.

De todos los sectores de la región y del país se está reclamando su liberación.Del secuestro de Cabrales, ocurrido a principios de setiembre, se sabe que fue cometido por un grupo del Eln, a cuyos comandantes se ha pedido que si en verdad quieren conversar de paz con el Gobierno lo liberen, sano y salvo, a él y a todos los demás secuestrados para que se acabe el dolor y el sufrimiento de sus familiares y allegados.

Con la vida no basta la retórica. Hay que respetarla, preservarla y defenderá, con hechos. No con palabrería.

Como escribió recientemente el padre Francisco de Roux, “las generaciones futuras reclamarán por siglos las especies que arrancaron para siempre de la Tierra los gestores de la gran minería irresponsable y de la minería criminal, los extractores sin límite de combustibles fósiles y los arrasadores de los bosques, y el rechazo universal caerá por siglos sobre los secuestradores, que por años volvieron un infierno la vida de las familias de los cautivos y no pocas veces los mataron. Ambos están llevados por la codicia: los que revientan insaciablemente de manera violenta la Tierra, para tener utilidades, y los secuestradores, que explotan comercialmente el sufrimiento que infligen a sus víctimas”.

Definitivamente, urge una gran cruzada contra el secuestro y sus criminales autores.

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