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Editorial
Cifras que marean
Parece un desatino, que la realidad sea tal como se muestra en estas cifras calculadas a las carreras.
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Miércoles, 14 de Octubre de 2015

Cada vez es más cierta la afirmación de algún analista según el cual el real poder en el mundo lo tienen las grandes corporaciones, verdaderos monstruos que, si por sus directivos fuera, podrían comprar países como haciendas.

Estos días se habla de un negocio tan grande que todas sus cifras marean.

La cervecera más grande del mundo, AB InBev, ofreció 104.200 millones de dólares por su rival SABMiller, que aceptó ser vendida luego de mostrarse reticente y retrechera, situaciones muy normales entre los grandes monstruos corporativos del planeta. La desconfianza es, en últimas, la nota predominante en sus negocios.

Visto así, en dólares, la cifra de compra trata de parecerse a muchas, como si no significaran nada unos cuantos miles de millones de más o de menos en un sector de la economía en el que, para que valgan la pena, los cheques se escriben con tantos ceros a la derecha como sea necesario.

Después de superada la desconfianza natural entre los cerebros de estas dos cerveceras, no tiemblan las manos al escribir 104.200 millones de dólares en un contrato de compraventa. Al fin y al cabo, al hacerlo, AB InBev se asegura que, en adelante, una de cada tres cervezas que consuma la humanidad saldrá de sus plantas regadas por todo el globo.

Cuando todo se hace difícilmente comprensible es en el momento en que, a manera de ejercicio escolar, convertimos los dólares a precios de hoy en pesos: el resultado es causa de mareo, a pesar de que se dice muy fácil: 312 billones 600 mil millones de pesos colombianos (312 600 000 000 000).

Como dice el viejo chiste, son todos los pesos.

Pero, en verdad son todos los pesos y muchos más, si se tiene en cuenta que el presupuesto general de Colombia para este año fue de ‘solo’ 216 billones. Significa que para 45 millones de personas hubo 30 por ciento menos de dinero que el de los dueños de la megacorporación de las cervezas.

Parece un desatino, que la realidad sea tal como se muestra en estas cifras calculadas a las carreras, pero la verdad es así: fabricantes de cerveza tienen más poder económico que un país en desarrollo como el nuestro.

Puede pensarse que si una de estas superempresas no han comprado a uno o varios países, para su disfrute exclusivo, es porque no han querido. Quizás les conviene más disponer de los recursos suficientes para poner los gobernantes a su servicio, como se ha sugerido en muchas ocasiones.

No se aproxima el mundo gobernado por corporaciones: ya llegó.

Al conocer detalles de negocios con tanto dinero por medio como el de las cervezas, quizás sea permitido pensar en que cualquier día un gobierno podría ser una especie de junta delegada de una gran compañía. Hay quienes dicen que tal cosa es una realidad.

En el caso de la cerveza, los colombianos tenemos mucho que ver: Bavaria, la empresa que millones de colombianos hicieron grande, hace parte del paquete de cerveceros ahora multipoderosos.

A escala, claro, en Colombia la situación es parecida: muchas cosas, los precios, por ejemplo, no los decide el mercado, como debe ser en un universo capitalista, sino los fabricantes de pañales, de papel higiénico, de servilletas de papel y de medicinas, y hasta de procesadores de azúcar, reunidos en secreto, poniéndose de acuerdo para ganar todos, aunque al pueblo se lo lleven los diablos.

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