Las voces que piden que la frontera no se abra son cada día más recurrentes.
Muchos cucuteños están viendo en el cierre decretado por el gobierno de Nicolás Maduro –que ya se extiende por más de un mes– una oportunidad para Cúcuta, no solo para incentivar las compras locales ante la imposibilidad de adquirir productos en Venezuela, sino también porque es un escenario propicio, casi único y que podría no volver a repetirse, para adelantar mediciones que hasta el momento han sido imposibles de realizar por la dinámica propia de la frontera.
Poder conocer con certeza cuántos carros, incluidos los de placa venezolana circulan hoy en Cúcuta, cuánta gasolina realmente se requiere para abastecer ese parque automotor; determinar el verdadero nivel de la dinámica del comercio, tanto al detal como el de grandes superficies, entre otros temas que arrojarán indicadores claves para que el gobierno local y las autoridades tomen decisiones.
Solo en el caso del combustible, uno de los más estratégicos desde que empezó el cierre de frontera, este mes largo ha permitido establecer el consumo de los cucuteños: con lo que ha autorizado el Gobierno Nacional, se van a consumir entre 12 y 14 millones de galones de combustible, en lo corrido de este mes.
Solo este dato permite inferir que el cupo autorizado para el departamento, que antes del cierre era de 4 millones de galones de combustible, es absolutamente insuficiente para la demanda de Norte de Santander.
Pero también permite confirmar que el contrabando abastecía cerca de 8 millones de galones en el departamento.
En otras palabras, esa es la cantidad de combustible que el Estado se ha venido ahorrando todo este tiempo, permitiendo que buena parte del abastecimiento quede en manos de los ilegales.
Otros temas sobre los cuales tampoco existen cifras reales, como el de la educación o la salud, deben tenerse en cuenta.
El cierre de la frontera permitirá establecer también realmente cuántos estudiantes hay de aquí y de allá, y cuántos se gasta en el sistema de salud por atención a pacientes que provienen del vecino país.
El sacrificio de reses y el abastecimiento de carne es otro asunto que podrá esclarecerse en estos meses, en los que se supone que no está ingresando carne de contrabando.
De las crisis se perfilan las grandes oportunidades y hoy Cúcuta se encuentra en un momento ideal para aprovechar el cierre de la frontera a su favor.
Esto depende, por supuesto, de la decisión de las autoridades locales para organizarse, establecer un cronograma y empezar a trabajar en aclarar estos indicadores, que serán de gran utilidad para ese proceso de transición que Cúcuta debe empezar a recorrer para dejar de depender de Venezuela y transformarse.
El momento está dado, solo falta la voluntad, en un proyecto que debería ser de interés de todos, comenzando por nuestras autoridades locales.
