Ahora que Norte de Santander está en busca de alternativas para sacudirse de una cantidad de problemas que lo han venido afectando por décadas, es importante que un producto referente de la región, como lo es el café, se encuentre en el eje de acontecimientos trascendentes.
Con una producción de 26 millones de kilos al año, este sector de la economía que aglutina a 16.027 familias, entró en una fase de renovación, precisamente para seguir aportándole al PIB regional, al empleo y aquello tan importante como es el amor al desarrollo del campo.
Resulta saludable el convenio entre el Comité Cafetero de Norte de Santander y la Gobernación por $ 10.000 millones iniciales para el programa de restauración cafetera que beneficiará a unos 3.404 productores de 33 municipios del departamento.
Se ha notado que aunque en 12 años hubo una disminución de 10.500 hectáreas, esto no fue óbice para que se pusieran en marcha acciones para evitar el marchitamiento y fue así como mediante planes impulsados desde la Federación de Cafeteros y respaldados por los gobiernos departamental, municipales y organizaciones internacionales, se logró subir la productividad por hectárea de los 7,8 sacos a 17,8 sacos, en la actualidad.
De acuerdo con el Comité de Caficultores, la región tiene sembradas 23.097 hectáreas que le generan al departamento en producción unos $440.000 millones.
Si quisiéramos tomar esto como un ejemplo, se resalta que la unidad, la planeación y la búsqueda de apoyos concertados nacionalmente, local e internacionalmente conducen finalmente a sacar adelante proyectos tan interesantes y de tanta efectividad.
Aquí se resalta el hecho de que las tierras nortesantandereanas son entonces un factor preponderante para el desarrollo del sector agropecuario, al cual hay que apoyarlo con planes que lleven implícito evitar el abandono del campo y en su lugar fortalecerlo, puesto que ahí también depende la seguridad alimentaria, por ejemplo.
Y el aroma cafetero de nuestra región tiene un elemento especial que lo hace resaltar en el exigente mercado del mismo: el 97% de lo que se produce se exporta y el 82% de la producción corresponde a los llamados cafés especiales.
En este aspecto cobra relevancia el valor agregado que indudablemente conduce a mejorar la calidad y por ende a tener una mayor demanda y, por supuesto, a obtener un mejor precio al contar con ese factor diferencial que tanto se aprecia en el mercado.
Ahí viene el otro asunto sobre el que debe recalcarse cuando de rescatar nuestra agricultura se trata, de ponerle ese toque especial, y también el de pasar a la agroindustria, para que no seamos simples proveedores de materias primas sin procesar, sino que pasemos a una liga más arriba, eliminando de paso la intermediación que también es un factor de desincentivo para el productor agrícola.
Por todo esto hay que poner de relieve la reciente Feria de Cafés Especiales, que se llevó a cabo en Cúcuta, en la sede de la Biblioteca Julio Pérez Ferrero y que despertó un gran interés entre el público que asistió en gran número a esta actividad.
Y qué interesante que en el departamento -tan afectado por tantas otras situaciones económicas, sociales y de violencia, cuente con concursos como el de ‘Saboreando el Café de mi Tierra’, que implica una sana competencia entre los caficultores locales por elevar los niveles, mediante las buenas prácticas en el cultivo y beneficio del café.
