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Editorial
Atentado contra Duque
La extrema gravedad de lo sucedido con el atentado directo contra Duque llama a rodear a la democracia, porque la vía de la violencia extrema no es la salida, sino la trampa que nos puede llevar al punto de no retorno.
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Sábado, 26 de Junio de 2021

Once días después del atentado con carro bomba a la Brigada 30 del Ejército, Cúcuta fue el escenario ayer de otro grave acontecimiento en Colombia, con el ataque a bala contra el helicóptero al servicio del presidente Iván Duque, cuando regresaba de una reunión en Sardinata sobre el programa Catatumbo Sostenible.

Y mientras afortunadamente los ocupantes de la aeronave salieron ilesos, en la región queda la peligrosa notificación de que la amenaza del terrorismo se ha desbordado y de que también saltan a la vista errores y fallas en la inteligencia, contrainteligencia y operación de los organismos del Estado encargados de la seguridad.

La extrema gravedad de lo sucedido ayer con el atentado directo contra Duque llama a rodear a la democracia colombiana en esta hora de desgracia, tristeza y sufrimiento porque la vía de la violencia extrema y desbordada y el directo ataque a la institucionalidad no es la salida sino la trampa que nos puede llevar al punto de no retorno.

Es urgente entonces que el Gobierno Nacional haga valer lo expuesto por el presidente luego de ser objeto del inédito hecho, puesto que ningún presidente colombiano había sido objeto de una acción criminal en su contra mientras se desplazaba en una aeronave, como la sucedida ayer cuando el helicóptero se acercaba al aeropuerto internacional Camilo Daza.

Nos referimos a las palabras  de Duque, según las cuales  “Colombia sigue siendo fuerte enfrentando la criminalidad y nuestras instituciones están por encima de cualquier amenaza”.

En el mundo se empezó a escuchar el repudio a lo ocurrido en la tarde de ayer, como por ejemplo lo expuso la embajada estadounidense en Bogotá: “EE. UU. condena enérgicamente el cobarde ataque contra helicóptero en que viajaban el presidente Iván Duque, su ministro de Defensa, del Interior y el gobernador de Norte de Santander”.

Y mientras tanto, es realmente importante develar el por qué y cuál es el plan para que precisamente haya sido Norte de Santander y su capital el lugar en que se perpetraran estos dos atentados.

Una unidad militar tan importante como es la Brigada 30, (con el estallido de un carro bomba que dejó 36 heridos y parte de sus instalaciones afectadas),  y ahora el atentado contra el presidente Duque en esta parte del país, es un hecho que merece más que otro consejo de seguridad y de unas medidas que se ejecutan durante dos o tres días y luego se relajan. Es urgente que los analistas y expertos lean en entrelíneas, saquen conclusiones   y emitan las consideraciones para los encargados de tomar las determinaciones en el alto mando militar y policial.

Lo cierto es que así nos duela, esta región está desbordada por las organizaciones armadas al margen de la ley, como son la guerrilla del Eln, las disidencias de las Farc, bandas criminales como Clan del Golfo, Los Rastrojos, Pelusos y carteles mexicanos del narcotráfico. 

Por algo será que ya desde otras zonas los medios nos consideran como ‘un polvorín’, porque insistimos, hay algo que no encaja en el rompecabezas y es  que en la misma región se repitan hechos de este tipo, haciéndonos ver como si nos encontráramos en aquellos tiempos en que el fragor del conflicto armado era incesante las 24 horas. 

Lamentable y muy grave lo que está ocurriendo en la región.


 

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