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Editorial
Anuncios vs. Realidad
El trabajo que se ha iniciado debe seguir, porque, aunque mucho intenten negarlo, Venezuela está al borde de una crisis.
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Sábado, 27 de Febrero de 2016

El constante cambio de postura de Venezuela en las decisiones que implican a la frontera con Norte de Santander y con Colombia ha generado tal escepticismo entre los empresarios y ciudadanos de las dos naciones, que hoy pocos creen cuando se habla de una posible normalización de la actividad fronteriza.

Esto tiene una explicación muy clara: la arbitrariedad con que se han tomado las decisiones en esta materia –al parecer basadas más en el estado de ánimo que en la razón y los argumentos– ha llevado a pensar que el manejo de un tema binacional tan delicado está destinado a depender de factores ajenos a la realidad.

Ayer, en una decisión tardía –pues realmente se esperaba desde hace seis meses– el gobierno de Nicolás Maduro acordó con las autoridades colombianas abrir el puente para permitir el paso de vehículos de carga y particulares que habían quedado atrapados de lado y lado.

Este intercambio binacional único e irrepetible, según las autoridades venezolanas, permitió a los propietarios recuperar sus vehículos. Sin embargo, hubo sorpresa por el escaso número de camiones o tractomulas que cruzaron la frontera para sus lugares de origen, a pesar de que se hablaba de al menos 300 automotores parados, sin poder operar, que según el presidente de Colfecar en Norte de Santander, Leonardo Méndez, dejaron pérdidas cercanas a los 10 mil millones de pesos.

Aunque la decisión de permitir el paso de estos vehículos pudiera considerarse como un paso positivo hacia la normalización de la actividad en una de las fronteras más activas de América, para muchos no es un indicador de avance ni de buena voluntad, pues el tiempo ha demostrado que en la mente de los gobernantes venezolanos, la lógica opera de una forma extraña e inentendible. Y suele suceder que justo cuando todo indica que algo bueno va a suceder, Maduro toma una decisión contraria.

Es por eso que pocos confían en los ‘buenos oficios’ del gobernador del Táchira, José Gregorio Vielma Mora, quien en las últimas semanas ha promulgado su propuesta de empezar a abrir la frontera durante el día, como primer paso para retomar las actividades tradicionales de esta zona.

“Creo que ya fue necesario, la frontera se debe abrir en horas diurnas para que podamos tener un intercambio comercial. Colombia es nuestro aliado, es nuestro mercado natural”, ha dicho Vielma. Pero nadie comprende porqué, de repente, se da ese cambio de discurso si realmente se desconocen los  avances obtenidos en las comisiones binacionales creadas para resolver, justamente, los conflictos que los llevaron a tomar la decisión de cortar de tajo la cotidianidad de la frontera y a expulsar a miles de compatriotas de Venezuela.

Nadie sabe realmente qué se teje detrás de tantos anuncios. Lo cierto es que, aunque no es nada fácil recuperar la dinámica comercial  de una ciudad como Cúcuta, que lleva décadas dependiendo del intercambio y de las relaciones con Venezuela, se han empezado a dar pasos importantes para virar la mirada hacia Colombia y empezar a construir un nuevo rumbo.

Justo ahora, cuando están en marcha planes para brindar alguna alternativa a los sectores informales que dependían –o que aún lo hacen– del contrabando, y para que los empresarios afectados se trasladen con sus negocios a Cúcuta, empieza nuevamente a hablarse con fuerza de la reapertura de la frontera.

Si llegase a darse, la región no puede olvidar lo que ha tenido que afrontar en estos seis meses; no puede confiarse de nuevo y bajar la guardia. El trabajo que se ha iniciado debe seguir, porque, aunque mucho intenten negarlo, Venezuela está al borde de una crisis de gran envergadura, cuyo coletazo, sin duda, nos golpeará fuerte. Y la única manera de blindarse es trabajando para concluir, de una vez por todas, con la dependencia.  

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