Ábrego hace parte de los territorios en riesgo por la continuidad de la confrontación armada en la subregión del Catatumbo, como quedó reseñado en la alerta temprana de inminencia 006-2026, emitida por la Defensoría del Pueblo.
El citado documento, expedido el 2 de marzo de este año, quedó como uno más, dentro de las crónicas de una tragedia anunciada, porque finalmente ocurrió lo que se venía temiendo y anticipando allí.
La tierra abreguense fue estremecida el pasado 19 de mayo por una masacre, la número 56 en Colombia y la sexta en territorio nortesantandereano, en una escalada incontenible, que ha elevado la percepción de inseguridad ciudadana.
¿Y eso qué significa?
El resultado es que al no prestarse atención a dicha alerta y fallar los planes de seguridad y de control del territorio por parte del Estado a través de la institucionalidad y la Fuerza Pública, la histórica violencia sigue afectando a regiones como el Catatumbo, el área metropolitana y otras zonas de Norte de Santander.
Los niveles de peligrosidad en el departamento tienen muchos antecedentes. Uno de ellos es expuesto por la misma Defensoría del Pueblo en el citado documento: de acuerdo con cifras de la Policía Nacional, Norte de Santander cerró el año pasado con 774 homicidios, lo que representa uno de los registros más altos de las últimas décadas.
Se trata de una cifra que por sus impactantes características no debe olvidarse, sino servir de aliciente para reforzar todas las acciones operacionales, humanitarias, gubernamentales y políticas para buscarle una salida a este conflicto armado que ya parece perenne y que nos está desangrando.
Deberíamos estar no solamente alarmados sino buscando alternativas porque estamos frente al fortalecimiento y reconfiguración de las estructuras violentas que avanzan en la búsqueda de copar más territorios y ejercer controles sobre la población.
El panorama actual está marcado por la fragmentación criminal y por múltiples grupos pequeños que se disputan zonas específicas del país, señalan los analistas.
Y con el crimen sucedido en Ábrego también se afectó el liderazgo social y quedó evidenciado que hoy los grupos armados ilegales prácticamente están fusilando a sus víctimas, como sucedió en aquél episodio con quienes iban dentro de la camioneta atacada.
Tristemente, dicha operación criminal rompió una parte del tejido social, puesto que el asesinato igualmente golpeó a la juventud que en el Catatumbo busca abrirse paso en beneficio de lograr avances de diversa índole para la población.
Es que la estigmatización de aquellas personas que desde sus diferentes posiciones trabajan en favor de sectores comunitarios tiene que cesar.
Tampoco son justas las amenazas e intimidaciones contra aquellos liderazgos como el de Freiman
David Velásquez, integrante de la junta directiva de Asuncat y coordinador de Jovencat (Juventud del Catatumbo), quien fuera asesinado en la masacre del 19 de mayo.
Por eso señalamos que su asesinato tiene efectos devastadores sobre los nuevos liderazgos, al ser sacados violentamente del camino, como en el caso de Velásquez, quién presidió el Consejo Departamental de Juventudes de Norte de Santander en el periodo comprendido entre 2024 y 2025.
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