Durante años, el plástico se ha presentado como uno de los mayores responsables de la crisis ambiental. Sin embargo, la historia de este material revela un panorama mucho más complejo, que contradice varias ideas instaladas en el imaginario colectivo.
Pocos saben que el plástico surgió originalmente como una solución ambiental, creado para reemplazar materiales naturales cuya extracción estaba poniendo en riesgo a varias especies. Y aunque hoy enfrenta desafíos, principalmente asociados a la gestión inadecuada de residuos, también es cierto que se trata de uno de los materiales más esenciales para la salud, la seguridad alimentaria, la agricultura, la construcción, la movilidad y la transición energética.
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El presidente ejecutivo de Acoplásticos, Daniel Mitchell, expresó que Colombia es pionero en América Latina en políticas de economía circular, como la Estrategia Nacional de Economía Circular y la Resolución 1407, que promueven el aprovechamiento de envases y empaques, el ecodiseño y la responsabilidad extendida del productor.
“La meta es que, para 2030, al menos el 30% de los envases y empaques se reincorporen a nuevos ciclos productivos”, afirmó el dirigente gremial.
Recordó la industria de plásticos y resinas genera cerca de 250.000 empleos en el país y avanza en innovación para reducir impactos y hacer más eficientes los procesos. Agregó que, en un debate que exige rigor, es clave entender que el plástico no es un enemigo, sino un material cuyo impacto depende de su uso y gestión.
Daniel Mitchell indicó que bajo esta visión se enmarca la campaña ‘Si lo usas bien, todo bien’, de Acoplásticos, que promueve el uso responsable y una correcta disposición para avanzar hacia la economía circular.
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Para contribuir a la conversación pública con información basada en evidencia, el gremio presentó cinco mitos sobre el plástico:
1. El plástico siempre ha sido un enemigo del ambiente
En realidad, su origen fue precisamente lo contrario. Los primeros polímeros sintéticos se desarrollaron como alternativa al marfil, el caparazón de tortuga y otros materiales naturales cuya demanda era insostenible. Su aparición permitió frenar la presión sobre especies en riesgo y dio paso a materiales más seguros y eficientes para múltiples usos.
2. El plástico es simplemente basura
Es uno de los materiales más relevantes e irremplazables de la vida moderna. Su versatilidad, ligereza, inocuidad y durabilidad lo hacen indispensable en sectores como salud, alimentos, construcción, agricultura, energía, tecnología y transporte. Sin el plástico, muchos avances médicos, alimentarios y tecnológicos serían imposibles o tendrían un costo ambiental muchísimo mayor.
3. Eliminar el plástico es la mejor salida para el planeta
Reemplazarlo por materiales alternativos sería hasta cuatro veces más impactante para el ambiente. Estudios internacionales han demostrado que, si sustituyéramos el plástico por vidrio, aluminio, papel o estaño, aumentaría exponencialmente el uso de agua, energía y transporte, debido al peso y menor eficiencia de esos materiales. El costo ambiental global sería mayor.
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4. El problema es el plástico en sí
El verdadero problema es la mala gestión de los residuos. El plástico es completamente reciclable y puede reincorporarse múltiples veces a la cadena productiva. Cuando no se separa, no se recoge o no se aprovecha, termina en ríos y mares. Cada año, 9.000 millones de toneladas de residuos mal gestionados en el mundo llegan a los océanos por fallas en infraestructura, educación y recolección. En Colombia, en zonas costeras, solo el 13% de las personas separa adecuadamente los residuos, lo que demuestra que el desafío es sistémico, no del material.
5. El plástico no aporta a la sostenibilidad
Este material ayuda a ahorrar agua, energía, combustible y emisiones. En agricultura, el microrriego reduce entre 30% y 60% el uso de agua; en transporte, los componentes plásticos permiten ahorrar hasta 750 litros de combustible por cada 150.000 km recorridos; y en alimentos, los empaques pueden extender la vida útil de carnes de 4 a 20 días y la de lácteos hasta 45 días, reduciendo significativamente el desperdicio.
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