El mundo ha comenzado a darse cuenta de que es necesario recuperar la paz, la democracia y el respeto al Derecho Internacional.
Barcelona -España-, ha sido la sede de la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, en la cual participa Colombia. Su objeto principal en esta ocasión ha consistido en la defensa de la razón sobre el egocentrismo dominante, la reivindicación del Derecho Internacional y el rechazo a la guerra.
La presidenta de México, Claudia Sheimbaum, declaraba que si, como dijo Lincoln, la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, en los actuales momentos que vive el mundo por causa de las ilícitas guerras iniciadas, los pueblos, en vez de sembrar guerra, deben sembrar paz y vida.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha hecho un llamado a la acción pacífica y solidaria, en defensa de la democracia, frente a las guerras, la desigualdad y la propagación de la desinformación. “Vemos ataques al sistema multilateral, un intento tras otro de impugnar las reglas del Derecho Internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza” (…).
El presidente del Brasil, Lula Da Silva, se ha unido a Sánchez en su llamado de “no a la guerra” y ha señalado: “Somos el ejemplo de que es posible construir soluciones a los problemas que nos afectan sin ceder a las promesas vacías del extremismo. Asistimos atónitos a una nueva carrera armamentista”.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha lamentado la existencia de "un bloque muy destructivo para la humanidad", en referencia al presidente Donald Trump, de quien ha dicho que está siendo "jalonado” y llevado a la guerra por el primer ministro israelí Netanyahu.
Coinciden los dirigentes demócratas con el Papa León XIV, quien se ha convertido en el principal líder mundial en defensa de la paz.
Desde Bamenda -Camerún-, manifestó: “El mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos, pero se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas solidarios”.
Según su contundente llamado, es necesario que los gobernantes, los dirigentes y los pueblos “vuelvan a creer en el amor, en la moderación, en la buena política" (…). “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida".
El Sumo Pontífice ha sido ofendido e irrespetado varias veces por el presidente norteamericano Donald Trump, pero no se ha arredrado, ni ha dejado de proclamar sus valerosos y claros mensajes contra la violencia, los bombardeos, las matanzas y las reiteradas vulneraciones de los Derechos Humanos, que se han perpetrado y se siguen cometiendo en Gaza, en Líbano, en Irán, en Cisjordania.
Así es. Los pueblos tienen que pronunciarse, condenar los genocidios, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, las masacres, los ataques a la población civil, el cobarde asesinato de seres indefensos, como los niños y los enfermos.
Deben reclamar que, en vez de las constantes violaciones del Derecho Internacional se recobre y extienda en todo el mundo el respeto a la vida humana, a la dignidad de las personas, a sus derechos y a sus libertades.
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