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¿Qué necesitamos para incidir en la agenda pública de nuestra región?
Cada vez que pensamos en la lista interminable de cosas por hacer por nuestra región, pensamos, casi de inmediato, que todo esto debe ocurrir únicamente en los pasillos u oficinas de las instituciones públicas.
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Viernes, 8 de Mayo de 2026

Cada vez que pensamos en la lista interminable de cosas por hacer por nuestra región, pensamos, casi de inmediato, que todo esto debe ocurrir únicamente en los pasillos u oficinas de las instituciones públicas; que algunos sujetos de particulares características meritocráticas o políticas son los únicos bendecidos y afortunados para incidir y lograr desarrollar los planes, programas y proyectos que impacten y desarrollen nuestro territorio. Pero puede ser que estemos viendo el vaso medio vacío.

¿Cuántos cucuteños se necesitan para que el servicio de transporte de la ciudad sea de calidad y un hecho? ¿Cuántos nortesantandereanos se necesitan para que se pueda conectar Pamplona a Bucaramanga o Cúcuta a Ocaña y ese sueño de conectividad sea una realidad? No son tantos como se piensa, ni tan pocos como para que el tema esté ya resuelto.

La agenda pública se define, básicamente, como la capacidad de hacer que los problemas de ciudad se conviertan en asuntos de interés para cualquier gobierno de turno. A priori, el pensamiento puede ser que esto es muy sencillo, pero la realidad es que a los despachos de los gobernantes llega diariamente un sinfín de problemas, todos importantes y urgentes, a los cuales los mandatarios deben enfrentarse con la difícil circunstancia de definir, según la capacidad fiscal del presupuesto, a qué problema se le puede prestar atención y atender con soluciones.

¿Entonces, qué necesitamos para movilizar la agenda pública? La respuesta es, simple y llanamente, voluntad. Se preguntarán: ¿la voluntad específicamente de quién o quiénes? La respuesta es la de cada uno de esos ciudadanos que se levantan cada día a trabajar por una mejor región: la voluntad del joven que estudia y espera que, después de graduarse, pueda encontrar un espacio laboral donde desarrollar su proyecto de vida; la voluntad del emprendedor que entiende que unas buenas condiciones de competitividad le dan garantías para que su negocio prospere; la voluntad de los gremios, que esperan que los proyectos de desarrollo dinamicen sus sectores y generen más empleo; la voluntad de las instituciones de educación que, con el conocimiento socializado y generado, tienen en las manos las soluciones que el sector público está esperando.

Pero, sobre todo, se requiere la voluntad de usted, señor lector, que no solo persevera cada día para lograr construir sus sueños, sino que, además, si logramos juntarnos unos cuantos, hacemos posible que el espacio que habitamos y compartimos temporalmente en esto que llamamos vida pueda ser mucho mejor. No requerimos pensar igual; requerimos, como dice Alejandro Gaviria, un mínimo de acuerdos sobre lo que pensamos que puede llegar a ser mejor.


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