
Da envidia de la buena cuando se compara el gabinete de Donald Trump con el gabinete de Petro, o gaminete como dicen los graciosos. O cuando se miran nada más los gabinetes de Argentina, El Salvador y Guatemala. Trump es de verdad graduado en economía, y autor de dos libros sobre negocios. Javier Milei, el presidente de Argentina, es una autoridad mundial en economía. Al contrario, nuestro presidente apenas asistió a unas clases; él afirma que se tituló como economista; la universidad Externado de Colombia lo desmiente. Como dice Álvaro Uribe: mientras Petro ponía bombas y ejecutaba otras cosas terribles, la mayoría de jóvenes de su edad estudiaban. Y nuestro ministro de Educación – por citar solo uno del gaminete – no aprobó el examen en ciencias educativas.
Ante esa “desproporción” no se resiste uno a elevar una queja ante el Señor: “Señor, ¿por qué mandaste todos los genios para esos lados y para acá, nada?
Porque, no se puede negar, que Trump posee una inteligencia asombrosa. Su esposa, Melania Trump, una mujer culta – maneja seis idiomas -, exmodelo, bellísima, de mucha clase, católica, y empresaria exitosa. Sigamos con el vicepresidente: James David Vance, también católico, muy joven, abogado y empresario triunfador, autor de una novela que fue un best seller y llevada inmediatamente al cine con gran éxito; está casado con una dama india-estadounidense, Usha Vance, también abogada, hija de científicos nucleares. (Valga anotar que gran parte de los funcionarios de la presente administración son católicos).
Y dado que los que están haciendo la tarea como cazacorruptos en los Estados Unidos son genios, averigüemos qué es un genio. Según la escala aceptada universalmente, estos son los puntajes de las mentes sobresalientes: 100: media intelectual establecida; 101 a 114, por encima de la media; 115 a 129, inteligencia brillante; 130 a 139, superdotación intelectual; 140 a 154, genialidad intelectual; 155 a 174, alta capacidad intelectual; 175 a 184, inteligencia excepcional; 185 a 201, inteligencia profunda. Einstein tenía un cociente intelectual (CI en español o IQ en inglés), de 160 puntos.
Partamos del punto de que Trump, talentoso como es, ha nombrado de asesores a individuos con coeficientes intelectuales muy altos. El primer asesor con que cuenta es un elegante joven de más de 2 metros de estatura, su propio hijo menor, Barron Trump, de 18 años, políglota, matriculado en un instituto de negocios, con un CI de 170. Y luego, echa mano de su apoyador en la campaña, Elon Musk, para que le dirija un organismo de mucho alcance, creado virtualmente para Musk, el Departamento de Eficiencia Gubernamental o DOGE (Department Of Government Efficiency) que se encarga de “maximizar la eficiencia y la productividad gubernamental”. El señor Elon Musk goza de celebridad tanto como el hombre más rico del mundo como el ser un cerebro iluminado al que las plataformas le asignan un CI que parte de 160 puntos. Es, además, un sabio en muchas materias, incluida la fabricación de cohetes y naves espaciales.
Pues ocurre que, fiel a la promesa de proteger los intereses de los estadunidenses y derrotar la corrupción, Trump dotó al DOGE de amplias facultades para escudriñar todas las dependencias federales.
Continuará…
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