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Lección...
Los imperfectos rezamos más, por tanta bondad inmerecida, el trabajo, las jornadas de servicio, el privilegio del estudio, la familia, y juntamos las manos en gratitud a Dios por la sencillez de la vida…
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Lunes, 15 de Diciembre de 2025

Los viejos sabemos despertar amaneceres, hacer dormir temprano los crepúsculos, esperar a que un recuerdo bonito se asome en la media sonrisa de la luna, o profetizar un paraíso en sueños de cristal.

Aprendemos a cerrar los ojos y ver en el espejo de la intimidad tantas cosas que pasaron, los amores, los amigos, las cosas buenas que hicimos -y las malas-, los triunfos y las derrotas, los quizás…en fin.

Las sombras adquieren gran valor y, ante cualquier destello, se iluminan de placidez y nos enseñan a acercar, alejar -o separar- las ausencias, y hallar en el silencio y la soledad un refugio maravilloso y magistral.

Al elevar los ojos con humildad, podemos ver las torres donde se sientan los duendes a conversar de nosotros, mientras asoman las horas azules en el umbral de la aurora y una nostalgia canta bonito a la mañana.

Los imperfectos rezamos más, por tanta bondad inmerecida, el trabajo, las jornadas de servicio, el privilegio del estudio, la familia, y juntamos las manos en gratitud a Dios por la sencillez de la vida…

Los tímidos vamos siempre con una parábola en la alforja, una lejanía serena en la mirada, la prudencia en el corazón, la añoranza de las tradiciones y el don de parcelar los años con un amor distinto.

Después de haber abonado el camino, la dignidad senil nos devuelve a la edad de la aventura que corría fugaz en una cartilla infantil, llevándonos a tuche, jugando a las escondidas o pensando lejos…. ¡cuando seamos viejos…!


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