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La paradoja del crecimiento en tiempos de hostilidad
Esta inestabilidad se ve exacerbada por la postura transaccional del presidente Trump, quien ha optado por la confrontación directa con mandatarios que no se pliegan a sus directrices.
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Sábado, 7 de Marzo de 2026

En la hora actual, la comunidad global atraviesa uno de los capítulos más arduos de la historia moderna. Se trata de un periodo definido por una divergencia moral y económica. Mientras un sector privilegiado cosecha los beneficios de sus activos, otros se ven obligados a cargar con el peso abrumador de la volatilidad, una secuela directa del estallido del conflicto armado que hoy enfrenta a Estados Unidos, Israel e Irán.

Dada la condición de este epicentro geográfico como uno de los pilares de la producción de crudo y gas, el precio de estos combustibles ha emprendido un ascenso vertical. El pasado martes 3, el barril de petróleo Brent, referente indispensable para la economía colombiana, se negoció a 81.40 dólares para su entrega en mayo. Esta cifra representa una escalada porcentual profunda frente a los 58.92 dólares registrados apenas el 15 de diciembre de 2024, evocando la fragilidad energética que se ha vuelto una constante desde que la invasión a Ucrania en 2022 alterara definitivamente el tratamiento del crudo internacional.

Colombia, navegando estas aguas turbulentas, ha derivado un beneficio colateral de la coyuntura. Gracias a este repunte, Ecopetrol ha logrado mitigar parte de la erosión financiera del año anterior, cuando registró pérdidas de 9.02 billones de pesos, equivalentes al 39.5%. Paralelamente, las exportaciones nacionales experimentaron un crecimiento del 12.6% en enero, según cifras del DANE, las ventas externas alcanzaron los 4,252.7 millones de dólares, impulsadas en gran medida por la cotización récord del oro, el refugio tradicional en tiempos de incertidumbre.

Estos ingresos extraordinarios derivados del crudo han servido de soporte vital para compensar la caída de capital provocada por la depreciación del dólar, fruto de una sobreoferta de divisas, y el desplome de las remesas, asfixiadas por las políticas impositivas de la administración del presidente Trump. En enero, el flujo de remesas apenas alcanzó los 1,020 millones de dólares, marcando el punto más bajo en los últimos doce meses y evidenciando el impacto directo de estas medidas en el tejido social y familiar.

Esta inestabilidad se ve exacerbada por la postura transaccional del presidente Trump, quien ha optado por la confrontación directa con mandatarios que no se pliegan a sus directrices. El mandatario norteamericano no ha escatimado en críticas hacia aliados históricos como el Reino Unido y España, cuestionando su falta de colaboración en la ofensiva militar contra Irán y poniendo a prueba la cohesión de las instituciones internacionales.

En conclusión, la realidad presente nos devuelve a esa máxima implacable, mientras unos lloran, otros venden los pañuelos. En el teatro de operaciones que une a Israel, Estados Unidos e Irán, el mundo asiste a una dualidad trágica, allí donde las naciones cuentan la pérdida irreparable de vidas humanas, otros sectores extraen ventajas de la misma sombra que proyecta la guerra.


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