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Columnistas
La narrativa del engaño
Plano público
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Domingo, 29 de Marzo de 2026

En la carrera por el poder, muchos apuestan por la distorsión. Recurren ala demagogia y a la mentira abierta, tejiendo relatos fantásticos diseñados para embaucar a los incautos. Colombia vive hoy este fenómeno: un proceso electoral marcado por discursos de contenido áridos, pero cargados de propuestas erráticas, desconectadas de la realidad y carentes de sustento. No es más que la reedición de causas fallidas; un cálculo frío para preservar los privilegios de una minoría codiciosa.

Los opositores radicales a los cambios urgentes que el país reclama se niegan a superar los atrasos históricos. Para ellos, el reconocimiento de los derechos sociales es un extravío. Rechazan cualquier iniciativa que busque mitigar la lacerante desigualdad colombiana, imponiendo en su lugar una narrativa estigmatizante: sugieren que mejorar la vida de los más precarios es, inevitablemente, caer en extremismos.

Ese inmovilismo tiene su baluarte en las mayorías del Congreso, que representan a sectores cerrados al desmonte de un sistema que fallaba en lo laboral, en la salud, en la educación y en el reparto de la tierra. A esto se suma el sabotaje a la paz. Mientras los grupos armados se fortalecen, la búsqueda de una salida negociada es tildada de “concesión al crimen”. Bajo esa lógica inversa, se termina privilegiando la confrontación y alimentando la violencia cotidiana.

El desarrollo de la nación exige desmontar este entramado de falsedades propagado por los profesionales de la distorsión. Son arquitectos del miedo que, con perversión calculada, siembran prejuicios en la población. No olvidemos que la justificación de ejecuciones extrajudiciales, la formación de paramilitares y el ultraje sistemático a la dignidad humana han sido pilares de gobiernos decididos a diezmar la democracia para frenar cualquier rumbo hacia la igualdad.

Mientras el engaño tenga tribuna y las mentiras se acepten como moneda de cambio, el país seguirá atrapado en un remolino de desorientación. Este “exterminio de la realidad”, que busca convertir los males colectivos en supuestos beneficios, es una marejada capaz de perpetuar nuestras crisis más hondas.

Aunque se han dado pasos hacia soluciones estructurales, es imperativo fortalecer la unidad de propósitos de quienes padecen la fractura de la desigualdad. Solo mediante la solidaridad social será posible construir una nación que supere la fragilidad heredada de quienes explotaron el poder en beneficio propio, bloqueando durante décadas la vigencia del Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución de 1991.

Puntada

Les llegó la hora a los 14 candidatos presidenciales en Colombia para que muestren sus propuestas serias respecto a la renovación de la nación.

ciceronflorezm@gmail.com


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