No le sobran a Cúcuta dirigentes que hayan hecho aportes relevantes a su desarrollo sobresaliente. Pero los ha tenido en distintos sectores de su comunidad. El resurgimiento de la ciudad tras el terremoto de 1875 es un capítulo que pone en evidencia la capacidad de quienes asumieron la tarea de restablecerla más allá de lo que era en el momento de su destrucción por el sismo.
El liderazgo de Francisco de Paula Andrade en el resurgimiento marcó un antes y un después. Trazó un rumbo con perspectivas de superación sostenida y generó un ánimo colectivo al rescatar los espacios perdidos.
Fue un engranaje con cierta dinámica cultural y esa savia permitió levantarse por encima de las cenizas predominantes. Un legado que consolidó nuevamente la existencia colectiva. Una herencia que emprendedores de las nuevas generaciones tomaron en cuenta.
Cúcuta debe volver a tener el empuje de quienes la han manejado con proyecciones de superación, por encima del inmediatismo que se queda en el interés excluyente. No hay que conformarse con resultados frágiles que no dan el rendimiento que demanda una comunidad donde predominan necesidades de peso apabullante. Pero de ello hay que tener conocimiento y obrar con voluntad de acierto.
Entre quienes le han puesto a Cúcuta dedicación y afecto está María Margarita Silva, cuya reciente muerte supone una pérdida para la ciudad. Ella unió su vida al conjunto de la población y todo lo hizo teniendo en cuenta los intereses comunes. No tuvo codicia que le restara la visión de conjunto. Su desempeño en la Gobernación de Norte de Santander y la Alcaldía de la capital del departamento le dio prestancia y autoridad. Siempre actuó con transparencia y buscó darle tratamiento adecuado a los problemas que debía buscarles solución. En otros cargos que desempeñó, procedió con igual temple. Siguió el ejemplo de su padre, Eduardo Silva Carradine, quien formó parte del grupo de amigos que impulsó la publicación del periódico La Opinión en 1958.
Pero, además, Margarita Silva era una persona de reconocida decencia. Sus otros méritos fueron su interés por la comunidad en general. Esa sensibilidad estaba articulada con su formación cultural. Y en sus relaciones con los demás hacía visible su condición humana, libre de prejuicios y mezquindades. Era de convicciones liberales, sin sectarismo partidista, con disposición al entendimiento. Conversaba con fluidez y su amistad era expresiva.
Otra tarea sobresaliente de Margarita Silva fue Expocúcuta en Bogotá, una muestra diversa de la región para el país, en la que contó con la participación del entonces empresario del calzado, Luis Raúl Ortega.
La vida de Margarita Silva en Norte de Santander, desde las instancias de poder, no fue árida. Siempre se interesó por la región. Obras como El Malecón de Cúcuta se ejecutaron por iniciativa propia. Manejó la seccional del Instituto Colombiano de Seguros Sociales con dedicación responsable. Tuvo la fortuna de contar con el apoyo de Virgilio Barco cuando este fue presidente de Colombia. Sin duda, alcanzó el nivel de una mujer importante, sin perder sencillez, lo cual le dio una identidad de humana prestancia. Lo demostró cuando padeció el horror del secuestro.
Puntada
Las recientes elecciones de Colombia no estuvieron desprovistas de fraude a cargo de sectores que no saben hacer política sin incurrir en trampas. Los comicios para presidente hay que blindarlos contra las prácticas sucias. A lo cual el procurador no puede oponerse. Estaría contraviniendo la institucionalidad tan invocada.
ciceronflorezm@gmail.com
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