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El Plan Marshall venezolano
El Brigadier General Bonner Feller, jefe de guerra psicológica, sobre el comportamiento de MacArtur, compartió el fondo y las formas de ese momento.
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Jueves, 12 de Febrero de 2026

Luego de los seis años largos que duró la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó devastada. Las consecuencias económicas, políticas y sociales, aún se sienten en nuestros días.

En 1945, Roosevelt, Churchill y Stalin acordaron en Yalta, Crimea, Unión Soviética, cómo derrotarían a Alemania y la posterior formaderepartirse el mundo que, cómo se mencionó anteriormente, aún genera consecuencias; léase guerra Rusia-Ucrania, en la que la primera ha resucitado sus instintos imperiales para tratar de recuperar territorios de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS-, caídas junto con el Muro de Berlín, en 1989.

Finalizada la guerra, Estados Unidos implementó para Europa el “Programa de Recuperación Europea” (European Recovery Program) comúnmente llamado Plan Marshall, en reconocimiento al Secretario de Estado norteamericano, George Marshall quien, en Harvard, en 1947, propuso un Plan que a la postre destinó más de US$13.000 millones para la recuperación, el equivalente a más de US$100.000 millones, a precios de hoy.

Y, aunque un“Plan Marshall” no ha sido el único implementado por los Estados Unidos en otros países, lo propuesto para Venezuela tiene connotaciones mayores. Este país, puso en alerta y riesgo con su Socialismo del Siglo XXI, copiado por algunas naciones, la hegemonía de las relaciones económicas y políticas que históricamente, se ha tenido con América Latina.

Una vez ocurrido lo que ya conocemos y después del anuncio de que será el gobierno americano quien cogobierne en Venezuela, hace pocos días la recién encargada de negocios, de la embajada estadounidenseLaura Dou, en ese país, informó que se ha diseñado un Plan que se desarrollará en tres fases: una primera, la estabilización y restauración de la seguridad interna y externa; segunda, la recuperación económica del país; y, tercera, una transición amigable, estable, próspera y democrática.

¿Qué significan, cómo se concretarán y en cuánto tiempo se llevarán a cabo esas tres fases? Eso dependerá, sin duda, de la manera cómo el gobierno encargado de Venezuela decida cooperar. Por lo pronto, ya Estados Unidos demostró con la captura de los buques petroleros, que poco o nada teme a las represalias de países como Rusia, Irán, China, entre otros, y que está dispuesto a quedarse el tiempo que se requiera.

En la página económica del diario El Tiempo, del pasado domingo 8 de febrero, se hace un interesante análisis del potencial que puede tener Colombia con Venezuela y, por supuesto aún más, Cúcuta, por su ubicación geográfica y el conocimiento de toda la vida, del hermano país.

En el análisis, se menciona el potencial de la economía de servicios que, como lo he mencionado en columnas anteriores, considero es donde debemos poner el ojo, antes que pensar en grandes industrias, por lo pronto. Urge la organización del comercio transfronterizo para atender el tema de alimentos; del transporte; los servicios de ingeniería; de servicios financieros; de salud; energía, entre otros. Recuerdo que hace varios años los gobernadores Eduardo Assaf Elcure y Alvaro Salgar Villamizar (Q.E.P.D.) planteaban la necesidad de crear una mesa de negocios, para apoyarse mutuamente Estado y empresarios. Quizás este sea el momento para “resucitar la idea” y ponerla en función. No esperar a que esto arranque.

En 2025, entre enero y septiembre por cuenta del comercio entre los países se exportaron US$854.4 millones; un incremento del 9% frente al período del año anterior, con todo y las dificultades existentes. Esto, sin contar las trochas.

Volviendo a la Historia, muchos nos preguntamos: ¿Por qué en la operación que abdujo a Maduro, no se llevaron a Delcy, Diosdado, Padrino, entre otros? Creo, que los norteamericanos, aunque por motivos y formas distintas, hicieron gala de aquella famosa cita filosófica que dice que “quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”. Ellos, conocieron y recordaron lo ocurrido cuando el general Douglas MacArtur, jefe del Estado Mayor del ejército de los Estados Unidos, llega a Japón a entrevistarse con el derrotado Emperador Hiroito. Este, considerado una especie de dios por los japoneses, solo esperaba correr la suerte de los derrotados  Napoleón Bonaparte, los káiser y los zares.

Sin embargo, en el encuentro,MacArtur recibió amablemente, con bondad, pero sin pompa a Hiroito. Y, aunque no se inclinó ante el Emperador, le extendió su mano y lo llamó Majestad. El anecdotario habla de que se sentaron, se tomaron fotos de igual a igual, pero no fue humillado el Emperador.

El Brigadier General Bonner Feller, jefe de guerra psicológica, sobre el comportamiento de MacArtur, compartió el fondo y las formas de ese momento. Era clave, necesitaban para la reconstrucción de Japón contar con el Emperador para que ayudara en los propósitos de los Estados Unidos. De lo contrario, manifestó, destruir al Emperador y lo que representaba su gobierno, haría necesario un millón de tropas para ocupar el país y permanecer allí por décadas.

Quizás, entonces, este pasaje de la historia, nos da la respuesta del por qué y del cómo, Estados Unidos ha actuado en Venezuela. 

Colombia y Cúcuta, puntualmente, no pueden, no deben perder el entusiasmo que despierta las perspectivas que se abren. Pero, no pueden dormirse sobre los laureles. “Camarón que se duerme…”.


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