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El instinto natural de la libertad…
No tiene pasos, sino sueños, se envuelve en su propia nostalgia para afrontar con sabiduría el destino y plantarse, frente a él, en una alianza emocional de la razón con la consciencia.
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Lunes, 12 de Enero de 2026

El alma es la cuna de una profecía que toca la aldaba del tiempo en busca de lejanas ausencias, es la libertad en alas de una alondra azul que se cuelga del viento y anhela posarse, algún día, en nuestro albergue…

No tiene pasos, sino sueños, se envuelve en su propia nostalgia para afrontar con sabiduría el destino y plantarse, frente a él, en una alianza emocional de la razón con la consciencia.

Y se nutre de la memoria del pensamiento, como si el espejo inteligente del horizonte reflejara copos de serenidad, prudencia, reflexión, estudio y silencio, para crear estados espirituales. 

Su vocación de ser una eternidad, en suspenso, nos enseña que lo superficial es finito, la esperanza es infinita, lo poco es suficiente, y que la fragilidad humana debe superarse con el instinto natural de la libertad.

Sólo los sabios intuyen ese instante -mágico- que los hace sentir, a la vez, orgullosos y humildes, pero tan profundos, como para decidir cuándo abrir, o cerrar, su refugio intelectual, siempre en equilibrio.

Los demás, debemos predecir un milagro que se asoma en el horizonte, en el trinar de los pájaros, en el aroma de las flores, en el rocío mañanero, o en una de esas palabras -calladas- que emanan sensatez… 

Del alma brota una emoción sustituta, llamada amor, que es una ilusión anterior a la vida y posterior a la muerte, un paréntesis imaginario que, cuando deja de ser ideal, se fuga…Así de efímero es… (Pero, queda la libertad…)


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