La anécdota podría titularse jocosamente la vaca contra el toro. Veamos: En el campo, en donde nació y se crió, una vaca lo embistió, pero él, ágil, le hizo un lance y el animal fue a clavar sus astas en el tallo de una mata de plátano. La vaca se despegó y volvió a perseguirlo y a embestirlo. En esta oportunidad el bovino tampoco logró ensartarlo y terminó con la cornamenta enterrada; él quedó atrapado entre los cuernos y, dada la inmovilidad de la fiera, lentamente se arrastró y salió libre. Este es uno de los muchos milagros con que Dios ha favorecido al padre Luis Eduardo Toro Jaimes.
Nos referimos a un sacerdote católico, nacido el 17 de septiembre de 1973 en el área de la pequeña localidad de Puerto Nuevo, en el Estado Táchira, Venezuela. Fue consagrado como presbítero el 18 de noviembre del 2000 en la diócesis de San Cristóbal.
Se viste con mucha sencillez; no usa ningún distintivo eclesiástico, como el clergyman; por lo general va con gorra. Su estilo de hablar es campechano, cual el mismo “gocho” andino. A los evangélicos los llama socarronamente “envangélicos”. Adoba sus prédicas con refranes y dichos de su tierra, y de cuando en cuando las matiza con apuntes jocosos.
A su oratoria, a su claridad, a su valentía, su paciencia y prudencia habría que agregar su extraordinaria memoria que le permite saberse la Biblia de memoria. No hay versículo o tema que no lo repita al instante, con toda la ilustración, su contexto histórico, su significado y mensaje, y hasta la semántica del griego o el hebreo o el arameo. En Roma, en el examen que le hizo otro sacerdote con preguntas al azar sobre cualquier página bíblicarespondió el padre Toro a cabalidad sin titubear. El papa Francisco lo nombró, entre unos pocos sacerdotes de toda la iglesia, misionero de la misericordia.
Tiene actualmente una audiencia mundialen YouTube, Google y otros canales de Internet de sus debates con quienes para él son “hermanos separados”, sean de cualquier secta – evangélicos, mormones, testigos de Jehová, bautistas, pentecostales, etc.- Hay centenares de testimonios de personas de otros credos y ateas que se han convertido al catolicismo gracias a escucharlo en vivo y en directo, o a seguirlas grabaciones de tales debates. Oírlo es una delicia y una lección insuperables. Ojalá mis lectores no se pierdan sus videos.
Algunos contendientes se ofenden porque él los trata de hermanos, y por ello digo que es admirable su paciencia como que se ha enfrentado a pastores que lo gritan, lo insultan y por poco lo golpean, y solo personas con su tolerancia soportan sin perder los estribos. Pierden los estribos el pastor protestanteo los pastores en manada que se suben a la tarima a tratar de mostrarlo como ignorante y falso, y al final se retiran sin haber podido refutarlo. La multitud que asiste a los debates lo aplaude con frenesí, pero él pide que también aplaudan a sus antagonistas.
Apologeta, como lo saben mis lectores, es el defensor de la fe, en este caso, de la fe católica. Yo, en mis largos años de vida, nunca he conocido un apologeta de la categoría del padre Toro, con todaslas condiciones para serlo: sabiduría, fe firme, cero miedo de denunciar el error y de enfrentar al enemigo, y convicción y compromiso con su misión de “id y predicad el evangelio a toda criatura”.
¡Ojalá la Iglesia tuviera mil padres Toro! ¡Mil predicadores de esa talla! ¡Nada ignorantes, ni tibios ni temerosos! ¡De ese celo apostólico, de ese fervor y esa contundencia!
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