El cambio climático no es un tema nuevo. Lo veremos en líneas adelante. Sí, el cambio climático, convertido de un tiempo acá en doctrina política y en religión seguidos por la ONU y papas como Francisco y León XIV, con sus criaturas hermanas del ecologismo, la Agenda 2030, la cultura woke, el globalismo y el progresismo.
En otros términos, cambios climáticos siempre ha habido. Así lo expresa un valioso documento del siglo III d.C. Igualmente, el documento trata de temas tan recurrentes en la vida del ser humano como las epidemias o pestes, la corrupción del poder judicial, las guerras, la pobreza, el hambre, la deslealtad y la degeneración de las costumbres (hoy, humanización de los animales, sodomía, el movimiento de los Therians o teriantropía o de los que se creen animales, etc.) y el despego de Dios. Como dice la Biblia: nada hay nuevo bajo el sol. Se lamenta el texto, que citaré a continuación, de que ya no hay ni habilidad en las artes. Esto último lo comprobamos en el desastre de las composiciones musicales de moda, en las sartas de palabras que pretenden ser poesía, y en los mamarrachos presentados como pintura y escultura.
Resulta, queridos amigos, que hace 1786 años un visionario describió lo que ocurría en una provincia africana del imperio romano. Pero no parece que escribiera en el siglo III de nuestra era sino hoy mismo, en estos momentos, en este 2026 en que nos hallamos. Y las predicciones que hace por tanto descarrilamiento de la humanidad no son halagüeñas. El autor fue un gran sabio y santo de la Iglesia católica, el obispo Cipriano de Cartago. El fragmento que leeremos en seguida pertenece a la apología Ad Demetrianum, obra conocida como Cartas a Demetrio o Demetriano.
He aquí la carta, retrato de su época y de la nuestra, con pinceladas muy precisas de los acontecimientos y sus naturales consecuencias.
“A este propósito (…) debes saber en primer lugar que el mundo ha entrado ya en su senectud, que no se mantiene en aquellas fuerzas que tenía antes, ni con aquel vigor y firmeza con los que había florecido anteriormente. El mismo mundo lo está diciendo (…) En el invierno no llueve tanto para la germinación de las semillas, en el estío no hay el calor de antes para madurar los frutos, ni en primavera están risueños los sembrados por el buen clima, ni están fecundos los árboles en otoño. No se sacan de las canteras agotadas tantos mármoles, ni dan plata y oro las minas exhaustas.
En los campos disminuyen los labradores, en los mares los marinos, en los campamentos los soldados. No hay inocentes en los tribunales, ni justicia en las causas, ni unión entre los amigos, ni habilidad en las artes, ni orden en las costumbres (…). Necesariamente debe ir acabándose lo que se acerca a su fin y tiende a la muerte…En cuanto al hecho de que hay continuas guerras, de que aumenta la angustia, la escasez y el hambre; que la salud se quiebra al arreciar las enfermedades, que la peste causa estragos en la humanidad, sábete que está vaticinado que se aumentarán estos males en los últimos tiempos, que se multiplicarán las adversidades y, al acercarse el día del juicio, se encenderá más y más la ira de Dios enojado para enviar castigos al género humano”. (Tomado de la conferencia virtual de la profesora española de historia antigua Eva Tobalina, concretamente la titulada “La crisis del siglo III en el imperio romano. El fin de una era”).
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion.
