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Aprendamos de Texas
La decadencia no es un destino inevitable, sino la suma de malas decisiones políticas.
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Jueves, 14 de Mayo de 2026

En el complejo ajedrez de la economía global, donde las regiones compiten ferozmente por capital y talento, existe un nuevo caso de estudio que añade evidenciasobre buenas prácticas para promover el desarrollo humano y económico: Texas. Mientras muchas economías se estancan en la burocracia, la promesa vacía de derechos y la alta carga impositiva, este estado norteamericano ha consolidado lo que expertos denominan el "modelo tejano". El libro "Texas Got It Right!", de Sam y Andrew Wyly, se sumerge en este fenómeno para explicarnos cómo una región puede transformarse en un imán de prosperidad alejándose de las fórmulas estatales.

Para el lector colombiano, y especialmente para nosotros en la zona de frontera donde presenciamos en primera fila el experimento contrario, la tesis de los Wyly resulta fascinante. El libro no es solo estadística; es una defensa apasionada de la libertad económica y la eficiencia administrativa. Los autores argumentan que el éxito de Texas —con tasas récord de creación de empleo formal y aumento de los ingresos— no es un accidente geográfico, sino el resultado de un diseño institucional deliberado.

El corazón del argumento reside en la competitividad fiscal. Texas demuestra que recaudar de forma más inteligente es el camino hacia la expansión. La ausencia de un impuesto de renta estatal es una declaración de principios: el capital rinde más en manos de quien lo genera que en las arcas del Estado. Este entorno ha provocado un desplazamiento masivo de sedes corporativas que buscan refugio frente a la asfixia regulatoria de otras latitudes.

A esto se suma un pragmatismo energético. El estado ha sabido utilizar la bonanza de sus hidrocarburos como combustible para financiar una transición hacia energías renovables e infraestructura de vanguardia. La lección es clara: no se trata de renegar de los recursos naturales, sino de transformarlos en capital físico. Finalmente, destaca la psicología del emprendimiento, donde el fracaso empresarial se entiende como un rito de iniciación y no como un estigma, gracias a un marco legal previsible.

Hoy, que Colombia se encuentra en una encrucijada electoral, el espejo de esta obra se vuelve más nítido. La elección que enfrentamos no es solo entre nombres, sino entre modelos de vida. ¿Queremos caminar hacia la prosperidad dinámica de Texas, que atrae inversión con libertad, o hacia la deriva de la decadente California, donde el exceso de intervención y la asfixia tributaria expulsan incluso a sus ciudadanos más leales?

La decadencia no es un destino inevitable, sino la suma de malas decisiones políticas. Texas nos enseña que el crecimiento real no nace de gasto público y tarimazos, sino de un entorno donde emprender valga la pena. Como colombianos conocemos el valor del esfuerzo; por ello, la pregunta es obligatoria: ¿votaremos por quienes ven en la empresa un enemigo al cual exprimir, o por quienes entienden que la libertad económica es la única ruta genuina para reducir la pobreza? El modelo que funciona está ahí; elegir el camino correcto depende ahora de nosotros.

Adenda. Conocí este libro porque me lo regalaron unos amigos cucuteños que tienen claro desde su día a día que en nuestra región se puede generar más valor, dignidad, empleos, ingresos e impuestos vendiéndole servicios a Estados Unidos que repitiendo discursos mamertos.


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