En medio de un año preelectoral cargado de ruido político y cautela inversionista, — en el marco del lanzamiento de The Reinvention Community, una iniciativa presentada por Accenture Colombia— , la frase más contundente no fue técnica ni macroeconómica. Fue casi una sacudida interna al empresariado.
“Desde el sector financiero tenemos que dejar de decir que si queda uno u otro en la Presidencia el país se va a acabar o que nos vamos a ir a vivir a Japón”, señaló María Lorena Gutiérrez, presidenta del Grupo Aval, que marcó el tono de una conversación poco habitual entre los grandes líderes empresariales del país, argumentando en que en el sector financiero debería haber menos dramatismo político y más foco en productividad, tecnología y ejecución.
Esto se dio en el primer panel, “Reinventando el sector financiero: tecnología, confianza y desarrollo”, el cual reunió a los presidentes de BBVA, J.P. Morgan Chase, Grupo Sura y Grupo Aval.
Más allá de cifras, el mensaje común fue que la transformación digital del sistema financiero no es opcional, pero tampoco puede desconectarse de la confianza institucional. La tecnología —incluida la inteligencia artificial— puede mejorar eficiencia, ampliar inclusión financiera y reducir costos, pero necesita reglas claras y estabilidad para atraer capital.
Gutiérrez insistió en bajar el tono catastrofista del debate público y asumir una postura más constructiva desde el empresariado. En su visión, el país no puede paralizar decisiones de inversión por el ruido político permanente; el reto es construir consensos mínimos que permitan planear a largo plazo.
De su lado, Mario Pardo, presidente de BBVA, fue directo también y señaló que el rol del sistema financiero es “irrigar más crédito, llegar a más personas y empresas, y hacerlo con tasas más bajas”. Pero reconoció que hay un límite estructural: el costo base del financiamiento está atado al riesgo fiscal del país.
El directivo señaló que hoy en día, con tasas de financiación para la Nación cercanas al 14%, cualquier empresa que busque recursos debe asumir costos aún mayores. El crédito existe, pero es caro. Y eso frena inversión, expansión y empleo.
Además, por el lado de J. P. Morgan, aclaró que sí hay apetito internacional por Colombia. Según explicó, inversionistas globales buscan exposición en infraestructura, energía, agroindustria y gas.
El problema no es la falta de interés, sino el costo del dinero y la necesidad de diseñar instrumentos más innovadores que permitan separar las buenas historias empresariales del ruido macroeconómico. En otras palabras, capital hay, pero Colombia debe facilitar su aterrizaje.
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Renunciar al cortoplacismo
Fue en ese contexto cuando María Lorena Gutiérrez lanzó su mensaje más político —aunque no partidista—: el sector financiero no puede alimentar la narrativa de que cada elección es un punto de quiebre existencial.
Planteó tres renuncias: dejar el cortoplacismo, no amplificar la incertidumbre con mensajes catastrofistas y evitar la polarización entre sector público y privado. En lugar de eso, propuso enfocarse en sectores transformadores como infraestructura, transición energética, agro y salud, además de fortalecer la confianza a través de inversión en tecnología y ciberseguridad.
La discusión derivó en un consenso incómodo: parte del problema también es cultural. El sector financiero debe abrazar la inteligencia artificial no solo como herramienta de eficiencia, sino como palanca para reducir costos y trasladar beneficios al cliente. Y debe dejar de usar la regulación como excusa para no innovar.
¿En qué quiere ser potencia Colombia de cara a 2036?
El debate subió de tono en el segundo panel que habló de cara a La agenda prioritaria que tendrá Colombia para el futuro, el cual fue liderado por Luz María Sierra, directora de EL COLOMBIANO, cuando intervino Bruce Mac Master, presidente de la Andi, señaló, para rescatar aspectos positivos del territorio, que no se trata de una quimera, y hoy el sexto exportador de futbolistas del mundo y que América Latina abastece de talento al fútbol europeo.
También mencionó el caso de la música urbana en Medellín, convertida en industria global con cadenas de valor que incluyen producción, tecnología, inversión y servicios especializados.
La tesis la marcó el líder gremial en que si Colombia pudo construir ecosistemas exitosos en deporte y música —muchas veces más por iniciativa privada que por política pública—, puede hacerlo en sectores estratégicos. Pero requiere decisión colectiva y metas claras de largo plazo.
A su vez, Juliana Velásquez, presidenta de ProAntioquia, fue más estructural, pero contundente, diciendo que “Lo público nos pertenece a todos”. Habló de la necesidad un Estado “menos ejecutor y más habilitador”.
Además, Velásquez se refirió a que hay en el país cerca de 800 trámites para el sector productivo y de la necesidad de una arquitectura institucional que habilite el desarrollo en lugar de frenarlo.
Propuso descentralización basada en capacidades regionales, mecanismos de largo plazo que no cambien cada cuatro años y una mayor corresponsabilidad del sector privado en la construcción de lo público.
Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad, complementó la idea con un llamado a elevar el umbral de riesgo. “En un entorno global donde la incertidumbre es permanente, operar con la lógica de hace 20 años implica perder oportunidades”, dijo.
Un reconocimiento y un mensaje político
El evento cerró con un reconocimiento a Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, por su trayectoria empresarial. El espacio contó con la intervención del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien destacó el papel del sector privado en el desarrollo regional.
Velásquez, quien dejará la presidencia de Grupo Argos el 31 de marzo de 2026, en cumplimiento del código de buen gobierno que establece un límite de edad para el cargo, expresó: “Me siento honrado y feliz. Recibo este reconocimiento con humildad, en nombre de cientos y miles de personas que han ayudado a construir esta historia empresarial”.
El directivo destacó que ningún logro es individual y reconoció el papel de sus antecesores y colegas, entre ellos José Alberto Vélez y otros líderes que “abrieron camino” y contribuyeron a consolidar una organización de más de 9.000 personas que comparten un mismo propósito.
Antes de cerrar, Velásquez agradeció especialmente a su equipo de trabajo, a quienes atribuyó el éxito del evento y de la gestión.
“Yo soy solo un ingrediente. Detrás de todo lo que pasó hoy hay un equipo del que me siento profundamente orgulloso”, señaló, pidiendo un aplauso para quienes lo acompañaron.
En conjunto, el mensaje fue que aunque el país enfrenta tensiones políticas y económicas, el sector empresarial apuesta por una agenda de reinvención basada en tecnología, cooperación y ejecución.
Si algo dejó la jornada es que, al menos en este espacio, la discusión dejó de girar en torno al miedo y se concentró en cómo convertir la incertidumbre en proyectos concretos.
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