Henry Castro lleva cuatro meses esperando noticias de su hijo, Wilmer David Castro Arenas, quien el 16 de octubre de 2025 firmó un contrato con el ejército de Rusia para pelear en una guerra que no le pertenecía. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el conflicto entre Rusia y Ucrania, entre febrero de 2022 y diciembre de 2025, ha cobrado la vida de al menos 1,2 millones de personas, entre ellos varios santandereanos.
Desde entonces, su familia no ha vuelto a saber de él y vive con la duda de si Wilmer David se convirtió en uno de los entre 275.000 y 325.000 combatientes muertos que se reportan. El último contacto directo ocurrió desde Polonia, días antes de firmar el contrato que lo llevaría a una travesía que terminaría marcando también la vida de quienes lo esperan en Colombia.
“Nos han dicho que se fue para Rusia y lo mataron, que ya no vive”, relata entre lágrimas Blanca Nubia Castellanos, madrastra de Wilmer, quien ayudó a criarlo desde que tenía cuatro años. “Estamos totalmente incomunicados, no sabemos a quién acudir. Tenemos una incertidumbre terrible, no sabemos ni qué hacer. No podemos dormir...”.
Puede leer: Liberan al médico Ciro Orlando Sánchez tras cinco días de cautiverio
Henry Castro aún busca, en las noches de vigilia, las razones que llevaron a su hijo a tomar esa decisión. Siempre fue un padre comprometido y hoy vive atrapado en una incertidumbre que no da tregua.
“El mejor papá, responsable hasta ya no más”, dice Blanca Nubia sobre Henry. “Un hombre muy responsable con ellos, demasiado. Los consiente. Es ‘amor, mi amor’, con besito en la mejilla”. Henry inculcó el respeto a sus hijos y trató de estar presente en cada momento de sus vidas, aunque las obligaciones laborales a veces se lo impidieron.
Por eso, la ausencia de Wilmer Davis lo golpea con especial dureza. Con el paso de los meses han surgido versiones contradictorias: que murió en un ataque con drones, que quedó herido y abandonado en una carretera, que sigue vivo, pero incomunicado. Hace pocos días llegó una foto, enviada a través de su hija, en la que aparece un hombre acostado de espaldas. “Pero no es él”, dice Henry. “Mi hijo tiene un lunar detrás de la oreja. La persona de la foto no lo tiene”.
Nada ha sido confirmado. Cuatro meses de silencio se han convertido en un peso insoportable para la familia. En medio de la angustia, Henry contactó a la Cancillería de Colombia para solicitar ayuda. La respuesta fue que el caso tendría un plazo de hasta tres meses para ser atendido.
Antes de la guerra: el hijo, el padre y la casa de la montaña
Wilmer David Castro Arenas nació el 7 de junio de 1993. Era el segundo de cuatro hermanos. Sus padres se separaron cuando él era muy pequeño. Trabajaba como celador en el aeropuerto Palonegro, en Bucaramanga, y era padre de una niña. Para su familia, siempre fue un hombre trabajador, honesto y cuidador de los suyos.
Henry recuerda que, cuando salió del Ejército en 2009 y viajaba a Bucaramanga a visitar a sus hijos, Wilmer siempre le pedía lo mismo: “Papi, vamos a la casa de la montaña”. Así llamaban a las caminatas de cinco horas que hacían juntos por los cerros cercanos. “Ese era nuestro compartir. Vamos arriba, al kilómetro nueve, a pie”, dice con nostalgia.
La relación entre los hermanos era cercana. “Nunca se faltaron al respeto”, recuerda Henry. “Siempre se quisieron. Hermanos excelentes”. Pero, según él, algo cambió cuando Wilmer conoció a su pareja. “Cuando se fue a vivir con esa señora, cambió. Empezó a pelear con los hermanos. No sé cómo una persona puede influir tanto en otra y hacerla cambiar de rumbo”.
Entérese: Paraguay, la economía que más creció en Suramérica en las últimas seis décadas
La familia cree que Wilmer fue influenciado por el entorno de su pareja. Henry señala al padrastro de su nuera como la persona que, presuntamente, le prometió dinero, mejores oportunidades y un viaje seguro. “Esa señora lo indujo para que se fuera, u otras personas lo indujeron”, dice Blanca Nubia. “Nosotros estamos sorprendidos de la decisión que tomó sin contar con nosotros”.
Desde entonces, aseguran, se han alejado no solo de Wilmer, sino también de su nieta. En varias ocasiones han pedido verla, sin éxito. La preocupación por el paradero de su hijo se mezcla con la impotencia de no poder proteger a su familia.
La red de reclutamiento que convierte a extranjeros en carne de cañón
El caso de Wilmer David no es aislado. Forma parte de una red de reclutamiento internacional que se extiende por América Latina, África y Asia, y que ha llevado a miles de hombres a combatir en una guerra ajena.
Un informe de CNN, publicado en noviembre de 2025, señala que Ucrania ha identificado a más de 18.000 extranjeros de 128 países que han combatido o combaten en las filas rusas. Al menos 3.388 han muerto, lo que representa una tasa de mortalidad del 18,8 %. Cerca de 200 extranjeros de 37 países han sido capturados como prisioneros de guerra, y la mayoría afirma haber sido engañada.
La Inteligencia de Defensa de Ucrania identifica tres tácticas utilizadas por Rusia para reclutar extranjeros: chantaje, soborno y engaño. Wilmer cayó en las dos últimas.
El soborno fue claro: 91 millones de pesos colombianos, unos 12.000 dólares, por un año de servicio. “Ese fue el dulce que le dieron para llevárselo”, dice Henry. Para un celador de aeropuerto en Bucaramanga, era una suma imposible de ignorar. El contrato prometía vivienda gratuita, seguro médico, educación militar y la posibilidad de obtener la ciudadanía rusa.
El engaño llegó después. A Wilmer le dijeron que realizaría un “servicio militar” similar al de los soldados regulares en Colombia: tareas administrativas, control y registros. “Como aquí, un soldado que no va al combate”, explica su padre. “Pero lo mandaron al frente a pelear”.
Los documentos que firmó revelan otra realidad. En una cláusula, redactada en ruso y traducida al español, se establece que el militar se compromete a participar en operaciones de combate durante períodos de movilización, estado de emergencia o ley marcial, dentro y fuera del territorio de la Federación Rusa.
Más información: En Cúcuta dotan a emprendedores de motores ahorradores de energía
El silencio oficial y la espera interminable
Este patrón se repite en distintos países. En Kenia, el presidente William Ruto denunció una red de tráfico de personas que reclutaba jóvenes bajo falsas ofertas laborales. En Cuba, 26 personas han sido condenadas por engañar a compatriotas con promesas de trabajos civiles. En Nepal, el gobierno prohibió los viajes a Rusia tras descubrir que cientos de ciudadanos habían sido enviados al frente.
India ha exigido la liberación de 44 de sus ciudadanos atrapados en contratos militares. Sudáfrica investiga el caso de 17 connacionales que pidieron auxilio desde Donbás. Todos relatan historias similares.
El grupo de investigación OpenMinds documentó que los anuncios para reclutar extranjeros aumentaron siete veces entre 2024 y 2025. Publicados en VKontakte y en canales de Telegram en varios idiomas, prometen salarios de hasta 2.500 dólares mensuales y un “estilo de vida con todos los gastos pagos”.
Lo que no dicen es que, según inteligencia británica, cerca de 1.000 soldados rusos mueren o resultan heridos cada día, y que los extranjeros reciben apenas una o dos semanas de entrenamiento antes de ser enviados a las unidades con mayores bajas.
“Los extranjeros son usados como carne de cañón”, resume el general ucraniano Dmitry Usov. “Se les promete todo y se les da lo mínimo para sobrevivir el primer día”.

Le puede interesar: Cerro Norte en Cúcuta, un barrio que continúa buscando la paz
Wilmer firmó su contrato en el peor momento: cuando Rusia atravesaba su crisis de reclutamiento más grave. Cuatro meses después, su familia sigue sin saber si está vivo.
La última comunicación clara fue en octubre, desde España. Luego llegaron mensajes sospechosos por WhatsApp. “Papi, el que escribe no es Wilmer”, advirtió su hermana Yaritza. Pidieron una prueba. Hubo un video corto. Después, silencio absoluto.
El 19 de enero de 2026, la familia solicitó ayuda formal a la Cancillería colombiana. Recibieron un correo automático. El plazo de respuesta está por cumplirse.
Mientras países como Nepal, India y Kenia actúan, Colombia guarda silencio.
“Así nos toque ir hasta donde nos toque ir, vamos a traerlo”, dice Blanca Nubia. Henry mira fotos antiguas: la laguna Ortiz, el Parque del Norte, la casa de la montaña. Han pasado 107 días sin escuchar la voz de su hijo. En ese tiempo, según estimaciones occidentales, otros 107.000 soldados rusos han caído en Ucrania.
Wilmer podría ser uno de ellos. O podría seguir vivo, esperando que alguien lo rescate de una guerra que nunca debió ser suya.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion.
