El silencio de la noche se vio interrumpido por un hallazgo inquietante en el barrio Primero de Mayo de Ocaña. En el andén de una vivienda, los vecinos encontraron a un hombre tendido en posición fetal, recostado sobre su costado derecho, con la apariencia de estar dormido, una escena que en un primer momento no despertó mayores sospechas.
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No obstante, al acercarse, notaron que de su cabeza emanaba sangre y que no llevaba pertenencias en los bolsillos, lo que encendió las alarmas. De inmediato dieron aviso a la Policía y solicitaron una ambulancia, que arribaron al lugar en altas horas de la noche, para atender la situación, el pasado domingo, 25 de enero.
El personal paramédico, encontró que estaba inconsciente, con signos vitales, pero muy leves, por lo que su traslado era prioritario al Hospital Emiro Quintero Cañizares, pero allí no hubo nada que pudieran hacer, el golpe que presentaba en la cabeza era demasiado grave y le causó la muerte.
Las autoridades no pudieron encontrar documento alguno para establecer la identidad del hombre, fue hasta el día siguiente que se pudo establecer su identidad. Se trataba de Sergio de Jesús Toro Hurtado, de 64 años, además un par de cámaras de seguridad de puntos cercanos permitieron establecer qué fue lo que sucedió exactamente.
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El doble robo
La situación inició sobre las 10:30 p.m., cuando Sergio llegó hasta una barra externa de un establecimiento comercial que estaba cerrado. El hombre parecía mareado, se tambaleaba de un lado a otro y optó por agarrarse de un tubo tras tropezar varias veces.
En un momento, su cuerpo empezó a inclinarse hacia atrás, estiró la mano para agarrarse de la barra, pero no alcanzó y su cuerpo hizo un movimiento circular alrededor del tubo, hasta finalmente caer de espaldas por unas escaleras que llevan al andén de una casa.
Todo esto ante la mirada atenta de un sujeto de apariencia descuidada, que observó desde la distancia cómo se desplomó y su cabeza golpeó con los escalones. Este sujeto, que portaba una gorra blanca y un saco deportivo, se asomó y notó que Sergio estaba inconsciente.
Inmediatamente bajó junto al cuerpo, pero no para auxiliarlo, para robarlo. Metió las manos en los bolsillos del hombre, tomó un par de cosas, le revisó el cuello también para luego irse. No pasaron ni cinco minutos hasta que otro hombre pasara caminando y lo vio allí tendido.
Este otro, que vestía un suéter verde, gorra gris y bluyín, no dudó en acercarse, pero para repetir el robo, le volvió a revisar los bolsillos a ver si conseguía algo de valor que llevarse. Despojándolo de las pocas pertenencias que le quedaban.
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