La ironía
En esta urbanización, catalogada como estrato 3, si bien fue un proyecto de vivienda de CENS, los residentes expresan que, irónicamente, el recibo de energía es bastante costoso y no se aplica ningún tipo de descuento.
“Si uno compara con otras ciudades de Colombia, los porcentajes de los servicios domiciliarios en Cúcuta son el doble de costosos”, dijo Esteban.
En cuanto a alumbrado público, aunque no tienen falta de luminarias, es como si no existieran. La altura y frondosidad de los árboles, por la falta de mantenimiento con podas, abarca por completo la luz de los focos y genera zonas oscuras.
Inseguridad
Ante las tinieblas en las que se sumen las calles, algunos residentes prefieren no salir durante las noches o evitan caminar por ciertas zonas. La doble calzada, que colinda con el HUEM, presenta problemas diarios por la misma oscuridad que generan los árboles.
El problema es que esos lugares se prestan para que habitantes de calle y consumidores y vendedores de estupefacientes lleven a cabo actividades delictivas.
A esa misma hora pasan los recicladores, pero camuflados entre ellos, también otra clase de personas con otro tipo de intenciones.
“Así como hay personas que sí trabajan en su oficio, hay otras que pasan es mirando qué pueden llevarse de las casas”.
El albergue, en abandono
Uno de los lugares más importantes que funcionó alguna vez en Santa Lucía fue el albergue juvenil, en la calle 5 Norte con avenida 9 Este. La comunidad, en unión con la iglesia Espíritu Santo, inauguró la estructura con el objetivo de recuperar a jóvenes con problemas en las drogas.
Funcionó durante algunos años, sin embargo, los aportes de la comunidad para el sostenimiento del mismo dejaron de ser suficientes ante el alza de los costos y desde hace más de 30 años el edificio está abandonado.
La comunidad aún recuerda aquellos tiempos en los que el centro de recuperación se mantenía vivo con jóvenes en tratamiento y los entusiastas pasantes de universidades que llegaban cada semestre.