Una de las obras más representativas de la ciudadela Juan Atalaya, que en otros tiempos llenaba de orgullo a los habitantes por ser homenaje a la ciudad y al equipo motilón, hoy se encuentra en condiciones precarias.
Inseguridad, consumo y venta de drogas, entre otros males, son los únicos dueños de este espacio público que se extiende por la avenida principal de Atalaya como una réplica al muy conocido Malecón de la avenida Libertadores.
Luego de una inversión superior a los 5 mil millones de pesos, de acuerdo con líderes comunales, la poca cultura ciudadana de los mismos cucuteños, sumado al abandono y la falta de mantenimiento por parte de la administración local, sumieron el lugar en las deplorables condiciones en que se encuentra.
“Parece el baño público de las personas en condición de calle. Ellos vienen, hacen sus necesidades aquí y nos dejan malos olores, contaminación ambiental y una desagradable repulsión al pasar por allí en cualquier momento”, relató Andrés Camargo, residente de la comuna.
Estos mismos habitantes de calle se apoderan de las bancas y del puente que conecta los extremos de la doble calzada. Con intenciones delictivas, se agrupan en bandas entre 8 y 10 personas en las entradas y salidas para observar quiénes pasan por el puente, con qué artículos personales y en compañía de quién.
En otras ocasiones se desplazan por lo largo del Paseo Rojo y Negro en grupos de 3 y 4 personas para sumirse en el consumo de alucinógenos.
En el recorrido por el sector, el equipo periodístico de La Opinión fue testigo de numerosos focos de consumidores de droga, quienes se inyectaban nacóticos en la orilla de la calle, a plena luz del día, mientras que niños, jóvenes y adultos no tenían más remedio que transitar por allí llenos de temor.
La comunidad se pregunta: ¿qué se le puede responder a un niño cuando pregunta por lo que esas personas están haciendo allí? ¿Qué ejemplo le deja este panorama a los más pequeños?