Tanto en los días más cubiertos por nubes, como en las mañanas más soleadas, estamos expuestos al photoaging o al fotoenvejecimiento, que está directamente relacionado con el sol y las ondas electromagnéticas que llegan a la tierra, haciendo que nuestra piel esté permanentemente expuesta a la radiación ultravioleta, hecho que nos obliga cada vez más a ocuparnos de reparar este daño.
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Para el año 2022, los cálculos de la Sociedad Americana Contra El Cáncer para en EE. UU. son: aproximadamente 99,780 nuevos casos de melanoma (alrededor de 57,180 en hombres y 42,600 en mujeres). Se calcula que morirán aproximadamente 7,650 personas (5,080 hombres y 2,570 mujeres) a causa de melanoma.
El riesgo aumenta a medida que las personas envejecen. Al momento del diagnóstico, la edad promedio de las personas es de 65 años. Pero el melanoma no es poco común incluso entre las personas menores de 30 años. De hecho, es uno de los cánceres más comunes en los adultos jóvenes (especialmente en mujeres jóvenes).
Por su parte, el cáncer de piel más frecuente -del que ayer se conmemoró su día mundial- es el carcinoma baso celular que representó el 52,7% de casos, seguido del carcinoma escamo celular con el 22,6% y finalmente el cáncer tipo melanoma con el 16,1%. Se estima sobre este mismo registro que la incidencia de melanoma maligno en mujeres es de 4,6 por 100.000 en mujeres y 4,4 por 100.000 en hombres. (Fuente: Pozzobon, Acosta, & Castillo, 2018)
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En cuanto a la apariencia de la piel, la razón por las que algunas personas se ven mayores en comparación a otras, aunque tengan la misma edad, es debido a la falta de protección contra la radiación ultravioleta (UVA) y Ultravioleta B (UVB), una de las causas por las que podemos sufrir de estrés oxidativo, causante del fotoenvejecimiento.