Mientras en los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander cientos de personas intentaban cruzar la frontera, ayer unos pocos aprovecharon un desconocido punto para atravesar la línea divisoria entre Colombia y Venezuela.
La Opinión fue testigo de la travesía que vivieron decenas de personas que decidieron atravesar el fuerte caudal del río Grita, línea natural que separa a Puerto Santander de La Grita.
Una de las razones es que allí termina Táchira, que está bajo estado de excepción, y comienza Zulia, que no lo está.
Las personas pagaban 2 mil pesos por cruzar en una canoa a su país, a pesar de que el servicio no prestaba las mínimas condiciones de seguridad, como el porte de chalecos salvavidas.
Un canoero, que pidió omitir su nombre, afirmó que “se puede atravesar el río dependiendo del guardia que esté de turno, porque hay un teniente que no nos deja cruzar”.
“El panorama es triste”, dijo una mujer, cansada, como sus acompañantes.
Pero aunque la zona es menos vigilada, según testigos fueron pocos los que lograron cruzar la frontera.
“Un promedio de 15 personas pasa cada tres horas”, aseguró un venezolano que estaba esperando por su oportunidad para llegar a casa.
Los reclamos de los colombianos contra la Guardia Bolivariana de Venezuela (GNB) también se escucharon en La Grita.
“Los guardias se burlaron de nosotros, con la mano se despedían de nosotros y se reían”, dijo un colombiano que fue expulsado del vecino país.
Otro panorama agobiador viven las personas que intentan entrar con productos a Venezuela, porque la gran mayoría son decomisados, retenidos por las autoridades de ese país.
En el sector solo había Policía colombiana, pero no había personal de la Defensoría del Pueblo, Personería o defensores de derechos humanos.
