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Entre el barro y el escenario: el otro arte de Andrea Echeverri
La voz de Aterciopelados presenta Nicho Candela, una exposición de cerámica donde se funden memoria, música y resistencia.
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Colprensa
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Martes, 1 de Julio de 2025

Mucho antes de comenzar a hacer historia dentro del rock colombiano de la mano de Héctor Buitrago, con quien creó Aterciopelados a comienzos de los años 90, Andrea Echeverri era una joven ceramista con estudios en Colombia e Inglaterra que buscaba abrirse camino en el difícil panorama de las artes plásticas del país.

Un arte que nunca abandonó, aunque en algunos periodos tuvo que cerrar su taller: ese espacio donde disfruta pasar horas y horas creando, completamente sola y totalmente embarrada.

Ahora, mientras sigue activa con Aterciopelados, la bogotana abrió una nueva exposición llamada Nicho Candela, con piezas que creó en los últimos 12 o 13 años. Algunas ya habían sido parte de otras muestras, mientras que otras son nuevas y se conectan con la propuesta visual del próximo trabajo de la agrupación que lidera junto con Buitrago.


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La exposición es una colaboración con la Galería Salón Comunal, en Bogotá, que lleva 11 años de trayectoria y se especializa en cerámica contemporánea. La muestra está abierta al público con entrada libre.

Distribuida en tres salas, invita a sumergirse en el universo simbólico, íntimo y rebelde de la artista, revelando una de sus facetas más profundas: la cerámica como lenguaje de reflexión, memoria y resistencia.

Las propuestas, creadas en distintas épocas, se entrelazan entre lo íntimo y lo político, generando nuevos significados: un altar donde aparecen figuras de los integrantes de Aterciopelados junto con un tributo a Gustavo Cerati.

Andrea, de 59 años, habló sobre el largo camino que ha llevado a la par con la música y el barro, sobre esta nueva exposición y las piezas cerámicas que dialogan con las nuevas canciones de Aterciopelados.


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Entre el barro y el fuego

—¿Cómo surgió la idea de esta nueva exposición?

Galería Arte Salón Comunal está especializado en cerámica, y Bernardo Montoya, su director, siempre dice que la cerámica contemporánea no tiene muchos espacios de exhibición. En los museos y colecciones hay cerámica precolombina, pero no contemporánea, a pesar de tener figuras como Cecilia Ordóñez, con un recorrido y trabajo increíbles.

En Colombia, la cerámica suele asociarse con lo precolombino o con la artesanía. La idea de esta galería es reivindicarla como una expresión del arte contemporáneo, como sí ocurre en otros países.

—¿Cómo fue la selección de las piezas que conforman Nicho Candela?

Hay piezas desde 2013, cuando hice una exposición en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y también de Ovarios Calvarios, que fue después de la pandemia. Están ‘Tripas corazón’, que presentamos en 2023, y cosas más recientes relacionadas con ‘Genes Rebeldes’, el nuevo álbum de Aterciopelados.

Desde su planteamiento, este disco tiene cerámica en su estética. Varias piezas están en videos como ‘Agradecida’, donde hicimos un altar; en Perú, que es todo en cerámica, y en ‘Mor’, donde las letras están hechas en barro.


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Siempre Soda

—¿Hay un homenaje a Gustavo Cerati en la exposición?

Sí. ‘Eterno’ es una canción que le escribí a Gustavo, y el video lo estamos preparando para lanzarlo en agosto, el día de su cumpleaños.

Para él hicimos un altar en cerámica, que también hace parte de la muestra. Es una forma de ir contra la corriente de la inteligencia artificial y poner de protagonista a la inteligencia artesanal.

—El agradecimiento como tema artístico, del que incluso la ciencia ya habla…

Estamos hablando de cosas que antes no se tocaban, y muchas tienen sentido. Descubrimos, por ejemplo, que casi todos sufrimos del síndrome del impostor, aunque antes ni sabíamos cómo se llamaba.

Pero mi agradecimiento no tiene que ver con el boom del concepto, sino con la pandemia. Fue una crisis, sí, pero para mí también fue un tiempo productivo: hice muchísima cerámica. También fue angustiante, claro, pero cuando llegaron los primeros conciertos postpandemia, uno sentía un agradecimiento total.

Lo cotidiano —salir de casa, subirse a un avión, dar un concierto— ya no se sentía tan cotidiano. Volvía con otra energía, con otra conciencia.

Encuentro entre la música y la artesanía: Andrea durante su visita a la exposición.

—¿Cada pieza tiene un significado especial?

Sí. Algunas fueron creadas durante y después de la pandemia, y otras datan de 2013, cuando Aterciopelados estaba separado. En esa época trabajaba en mi carrera solista, ‘Ruiseñora’, y el ritmo de vida era muy distinto. Tenía mucho más tiempo para dedicarme a la cerámica.

—La cerámica exige paciencia…

Y maestría (risas). Es un material muy específico, que pasa por el fuego, y eso es lo que lo transforma: lo vuelve sólido y permanente. Muchas piezas se rajan, se dañan o explotan.

Hay una moda de que hacer cerámica es relajante, y sí, la parte de modelar puede serlo. Pero después viene la parte de meterlo al horno… y ahí ya no es tan relajante (risas). Con solo una burbuja de aire, todo puede explotar. El barrito es bien exigente.


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—¿Trabajas siempre sola?

Sí. Me gusta estar sola y embarrada en mi taller. En los años 90 tuve un almacén con otros artistas que se llamaba Tierra de Fuego, y cada quien trabajaba en su espacio.

Hacíamos eventos llamados El ritual de lo habitual, donde nos poníamos retos. Un mes hacíamos copas, otro mes vasos, cada uno con su estilo. Vivíamos de eso. Yo aún vivía con mis papás, no tenía hijos.

Luego vino la apertura económica y mucha gente empezó a comprar cosas importadas. Pero con los apagones de esa época, vendimos muchos candelabros (risas).

—¿Es difícil encontrar inspiración cuando se trabaja entre música y cerámica?


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Para mí es lo más bonito de todo. Desde ‘Ovarios Calvarios’, con canciones y piezas que las ratificaban, empecé a encontrar ese diálogo. Ahora con ‘Genes Rebeldes’ lo seguimos haciendo: hay cerámica en los conciertos, en los videoclips…

Incluso antes de la pandemia ya intentaba incluir cerámica en Aterciopelados. En el disco ‘Oye’ lanzamos una edición especial con collares.

En Río también. En ‘Claroscura’, el letrero del nombre está hecho en cerámica, pero nadie lo nota (risas).

Siempre he querido que esa faceta esté presente en el proyecto, pero después de la pandemia sentí la necesidad de que fuera mucho más visible.


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